dissabte, 25 d’abril de 2015

Lo accesorio, lo tangencial y lo nuclear en un cambio político

Nos encontramos en un momento singular. La incerteza política se vive en un claro-oscuro entre el cómo, el quién y el para qué. Me he visto seducido por este artículo de @lajele y el eletri aka @eleptric por una cuestión que me preocupa últimamente y que no dejo de mostrar en las clases de Ciencia Política que unos desalmados me han confiado. No quiero dar la tabarra a mis follogüers ni a mis esforzados estudiantes, así que he elegido este lugar, casi inhabitado para sacarlo ya: "Sácalo, Carlos, sácalo". Mi modesta aportación se reduce a que no se trata de asaltar las instituciones o averiguar cómo lo hacemos. La pregunta es "para qué?". Me he decidido a ser asertivo y justo en mi propuesta, para rendir homenaje al esfuerzo de muchos que están pensando en cómo encauzar este momento.

Ayer me encontré en una cena que celebramos cada año con unos amigos de la infancia, que nos reunimos cada año en conmemoración de un acto deportivo. Esto no viene a cuento, aunque fuera muy emotivo. Allí me encontré de golpe con un viejo amigo, hoy militar (sólo hay un colectivo que odie más que la policía y es el militar), y me preguntó qué creía sobre el momento político actual. Después de divagar un rato concluí diciendo: "la gente está buscando los espacios intermedios, está desorientada y quiere que este sistema funcione bien, no se arriesgará a un cambio radical, aunque quiere un cambio. He ahí la clave del éxito de Ciudadanos y Podemos".

Desde luego, el post 15-M está resultando embarazoso, alumbró esperanzas pero a veces parecen haberse convertido en meras ilusiones. No sabemos si vamos a parir algo nuevo, pero está claro que no vamos a dar un salto mortal, el personal no está para circos, la prueba de ello es que estamos teniéndolo como para indigestarnos. En la memoria colectiva está muy presente el precio que se acabó pagando por el ansia de algo nuevo que hizo triunfar al nazismo y huye de todo lo que pueda identificar con "extremos". En mi opinión se está buscando un refinamiento de la ética política y no sólo de la estética, se quiere algo más emocionalmente satisfactorio. Las ilusiones políticas están bien pero actualmente nos encontramos en el desierto y los oasis suelen aparecerse en forma de espejismos.

Volvamos al principio de la historia. El cambio que supuso la aparición de Sócrates en su sociedad, algo así como un maestro Yoda gallego-preguntón, fue la búsqueda de la universalidad. Con la instauración de la democracia y el asamblearismo se produjo una burbuja de oradores pijos tipo Albert Rivera que sabían hablar muy bien pero pensaban sólo cuando hablaban. Todas las personas lo hacemos, vamos elaborando nuestro discurso a medida que lo expresamos, con todos sus errores, que iremos advirtiendo más tarde. A ver, pido perdón, lo del falangito va por otro lado, se llama demagogia, pero sus errores de argumentación son frecuentes en toda la población (si queréis un buen compendio, buscad el libro "Las claves de la argumentación", de Anthony Weston, y si le dais a la droga dura, el caballo de la filosofía jurídica, La teoría de la argumentación" de Alexy os dejará como al protagonista de la película "Pi"). El caso es que el salto que dió Sócrates, no fue buscar la Justicia, la Verdad o la Igualdad, sino la Justicia verdadera para todas, la Verdad que haga justicia a todas y a Todas en verdadera justicia. Buscaba un absoluto constantemente, tan etéreo como para no resultar obcecación y tan preciso como fuera necesario para dar respuestas en todo momento a cualquier situación. Después, la universalidad se perdió durante muchos siglos. Las revolucionarias francesas del siglo XVIII se inventaron los derechos universales. La clavaron. Las revolucionarias francesas del siglo XX se inventaron la insurrección permanente. La clavaron. ¿Qué vamos a inventar nosotras? Esa es mi crítica a todas nosotras. ¿Qué le ofrecemos a nuestra audiencia, además de esperanza?

En medio de una gran crisis y la búsqueda de una solución, estamos hablando de cómo comunicar. Y yo me pregunto, ¿no lo tendríamos un poco más claro si supiéramos qué queremos comunicar, qué debemos proponer, qué queremos inventarnos? Con ánimo de proyectar diré: la conquista de la hegemonía de la socialdemocracia en los años 70 sobrevino tras el mayo del 68. Esa peñita lo flipaba con discursos anticarcelarios y muy basculados con la psicología, la sociología, la física y la química; sobre todo la química. El derecho y la política cedieron terreno frente a la medicina, la psicología, la ciencia... Fukushima, el acelerador de hadrones y los Trabajos en Beneficio de la Comunidad, las Medidas de Seguridad o las penas sustitutivas de la prisión; son resultados dispares, pero fruto de un mismo fenómeno. Se dio protagonismo y, lo más importante, confianza, a las nuevas disciplinas y al ejército conformado por los hijos de los obreros que habían pasado por la Universidad donde habían aprendido tenían técnicas y conocimientos útiles para la sociedad, para sacarla del medievo y la farsa de la revolución industrial. Nosotras seguimos generando discurso (y acción) antisexista, antiracista, anticapitalista, etcétera, pero ¿realmente generamos algo que resulte útil al conjunto de la sociedad?. Al menos, ¿somos capaces de preguntárnoslo y responderlo con humiladad?. La respuesta es que sí, aunque nadie se dé cuenta (y casi que mejor). Esta aquiescencia inconsciente se debe al hecho de que el discurso genera compromisos, y eso ya nos gusta menos. Ahí es donde perdemos la universalidad, otra vez, y nos exponemos al mejor orador o retórico que nos masque el discurso y lo convierta en una Ley que, cuando queramos, nos saltaremos a la torera.

La ciencia ha avanzado mucho y, en cambio, a nivel político estamos estancados. Si lo habéis pensado alguna vez o lo habéis oido, poned atención, no es una vía de escape a la distopía fordista. La gente lo cree, está convencida de que estábamos cerca de ir a mejor, y no se resigna a seguir machacando el planeta o a matarnos unas contra otras; otra cosa es asumir el estancamiento como algo propio o ajeno, pues a nadie le interesa saber a qué debemos exponernos, a qué debemos ponerle ganas universalistas. Teníamos el software y nos faltaba el hardware. Yo acostumbraba a decir que antes querían hacer la revolución pero no tenían medios, y nuestra generación tiene medios y se le ha olvidado que siempre hay una revolución pendiente.

Y ahí estamos, el progreso es tangencial para nuestra generación, queremos ir a mejor, aunque sea un poquito; lo nuclear, que es la revolución, le da miedo; y ponemos nuestras esperanzas en lo accesorio -la comunicación.

Me impactó mucho la lectura de Agamben sobre los dispositivos, y lo repito a menudo. El concepto clave es la profanación. Lo sagrado debe asaltarse, empezando por las instituciones y siguiendo por el sistema económico. Sin embargo, me parece más urgente buscar una ética que nos permita no tener que hacerlo o que lo relegue a un segundo plano (limitado a echar a la banda criminal que hoy día ocupa las instituciones). Me explico. El compromiso individual con lo colectivo está totalmente descuidado. Nadie es capaz de decirnos que para ser totalmente libres debemos ser totalmente responsables, es un discurso que se advierte poco amable. Es necesario, sin embargo, y urgente.

Para mí la palabra "autogestión" define con pulcritud el cambio en lo económico y lo político al que deberíamos estar aspirando, pero hay que explicarla y convertirla en un presupuesto del quehacer cotidiano. Dejar de echar la culpa a los malos malísimos que, por su puesto, juzgaremos y condenaremos a hacer Trabajos en Beneficio de la Comunidad.

Transmitir eso no se hace con una campaña de comunicación, con un "entre totes", se necesita un fondo filosófico con el que impregnar las dudas ajenas, y empezar a molestar a la gente para darle el presupuesto de lo que va a costar llegar a buen puerto. No hablo de impuestos, sino de esfuerzos que, colectivamente e individualmente, vamos a tener que asumir. Que vamos a emprender una guerra contra nosotras mismas, y que la vamos a ganar, porque la alternativa es la autodesintegración. Y lo más importante, decir que otras lo intentaron y se equivocaron, y que estamos dispuestas a equivocarnos, aunque en otros errores. Tenemos que darle vida a la calle y darnos un propósito que no necesariamente pase por la urna. La gente que nos quiere llevar a las urnas lleva toda la vida haciendo esto que os digo, pero llegaron tan agotadas al 15-M, ya quiere otra cosa, otra velocidad, trascender a la facticidad, alcanzar el poder para llevar todas esas palabras, que nuestro entorno nos aplaude ecuánime y unánimemente, a la realidad, con gestión y todas esas cosas burocráticas. Eso se puede hacer; el problema es que si nadie lo asume como propio ni nos jalona continuamente, caduca. Los griegos se han seguido manifestando después de las elecciones, continuamente. Es sintomático, nos está diciendo algo, tan borroso como trascendenta. La utopía no caduca, a la utopía se la riega cada día o se aleja. Pero hay que ir a buscar el agua al río, mojarse y volver caminando sin derramar el agua. La ética es un valor extremo, hay que ser talibán si se la ama.
Menuda mierda de post.

divendres, 23 de gener de 2015

El desencís de la Blava, en Fred i el senyor Precís



Una tarda d'estiu ben corrent corria per les corredisses del parc un petit corrent rondinaire. Al seu esguard, la Blava corria darrera d'un ocell cantaire, enterbolida en el seu pensament per la sensació que res no podia sortir malament, que tot era perfecte, que el moment, més que perfecte, era absolut. De sobte va topar amb en Fred, al temps que queia a terra en l'esforç definitiu i probablement exitós, d'enxampar l'animaló. Tot d'una, per sobre del seu cap, la Blava va advertir l'esquinçada d'un raig de sol, que s'escolava entre els cabells tremolosos de la riallada d'un noi que, a més de ser-ho, és deia Fred. El corpulent sac d'astúcia, tot aprofitant el neguit de la criatura voladora, va aconseguir enxampar-la i, sense negociar paraula ni miraments, va fer mitja volta i va marxar sense dir ni tan sols adéu, amb el premi aconseguit de l'esforç aliè.

Ai, pobre Blava! Ella i el seu idealisme, que només volien acaronar l'ocellet i ensenyar-lo a sentir la escalfor humana per un sol segon, un segon de res! Mentre el perseguia, el seu somriure anunciava alegrement que un cop agafés la pressa se'n atiparia fins a l'infinit de veure-la marxar volant un sol cop, amb l'esperança que tornés o, si més no, que en endavant tindria una nova amistat amb qui compartir les mores que, com la rosa, són l'ofrena miraculosa d'un matoll a primera vista ofensiu.

Quina traïdoria la del bon observador! I és que, en bona coincidència d'intencions respecte de l'acció d'en Fred, a la vora de l'indret on s'havia precipitat la Blava, hi havia el senyor Precís. Amb la perfecció d'un erudit va dirigir-se a ella i li va parlar dels fets. Un per un, va detallar tota la seqüència, posant l'accent i l'èmfasi en els errors de la Blava i els encerts d'en Fred. Escrupolós i ben encertat, va analitzar el fet i, sense demanar el vist-i-plau a ningú, es va erigir en l'autoritat denunciant i arquitecte de la resposta.

És clar, la Blava era víctima de la ràbia i es consumia en desitjos de venjança. Tant era si l'ocell volia ser lliure, si el pla del senyor Precís estava ben adreçat a l'objectiu que havien acordat sense tractes de paraula o, en qualsevol cas, si aquella era una guerra que calia encetar i guanyar. Conquerir! Llibertat! Pau! Victòria! Tot! Tot! Tot!

Semblava prou clar que els fets que esdevindrien a continuació serien els següents: 1) el senyor Precís alliçonaria la Blava a fi i efecte de traçar l'estratègia necessària per recuperar l'ocell, 2) La Blava, amb l'ajuda del senyor Precís aconseguiria fer-se amb l'ocell i, 3) amb una demostració de força davant d'en Fred, aconseguirien el domini absolut i indiscutible del parc.

“Perfecte, perfecte!!! Això no pot sortir malament”. Estranyada per l'orgull que li pujava de les mans al cap, la Blava començava a neguitejar. Després de la fase de convenciment arribaven els dubtes. Tanmateix, es negava un i altre cop: “No, res no pot sortir malament”. “Una cruïlla letal per les meves esperances de recobrar l'ocell... bé, recobrar... de fet no l'he tingut mai. I per què el vull jo aquest ocell? Estic segur que vol venir amb mi”. La balança havia de caure en funció de la gravetat que dictaria la pròpia autoestima. I la Blava s'estimava tant a si mateixa que ja no ho va dubtar més: “sí, amb mí és com millor pot estar perquè, de fet, jo el deixaré volar tant com vulgui, li donaré aliments i escalfo, si és que així ho vol; no l'obligaré a estar amb mi, tot i que n'estic convençuda que voldrà venir al meu costat cada dia de la seva vida”. En realitat la Blava no sobredimensionava el seu valor; era una nena ben responsable i intel·ligent, afectuosa i sempre tenia bones paraules pels demés sense caure en la feblesa, tothom se l'estimava molt, raó de més per pressuposar que l'ocell voldria quedar-s'hi.

Ves per on, que en arribar a casa d'en Fred van veure l'ocell lliure volant pel menjador de la casa, tot esvalotat. Ben sovint, l'ocell s'adreçava a una gàbia nova i llampant, situada al costat de la taula, en un moble ben cofoi, on gaudia de pinso i aigua. Finestres i portes ben tancades, però. Aquesta nova situació de l'ocell va refermar la Blava en les seves sensacions. L'ocell tenia de tot, però no podia marxar quan volgués, tenia prohibit el passeig voluntari i en cap cas no podia jugar amb d'altres ocells. “Com deu estar patint, el pobre animaló”, pensava la Blava.

I sense esperar un dia més, la Blava i el senyor Precís van establir el pla definitiu per capturar l'ocell. En un primer moment, la proposta del senyor Precís era força captivadora, ja que ho farien tot sense causar cap perjudici, sense complexitat però amb riscos per a ells. Tot i així la Blava li va donar un parell de voltes i va concebre una nova idea, més arriscada per a ells i, a canvi, més simple i realitzable. El senyor Precís s'hi va negar en rodó, i es va negar a col·laborar en cap altre pla que no fos el seu. La Blava, lleial a l'empresa comú, va haver d'accedir i es van posar a treballar.

El dia assenyalat havia estat escollit en funció dels horaris i els moviments propis de la casa d'en Fred, i en arribar l'hora prevista, van procedir a l'acció. El cel estava ennuvolat i a mig camí la blava proposà suspendre'n l'execució. El senyor Precís s'hi va negar, intransigent com s'havia mostrat fins al moment. Un cop a la casa, van esperar el moment oportú i la Blava es va enfilar a l'arbre que la portaria fins al finestró sense tancament de la torreta superior. En aquell moment va començar a ploure i fou aleshores que es va adonar del parany: el risc de l'acció se'l va endur tot ella!

Ara ja no es podia aturar, va agafar l'ocell, que tremolava desesperat, el va ficar en una caixeta i va tornar a pujar a la torreta. Tot seguit deixaria caure la caixa, lligada amb una corda, fins que el senyor Precís la va recollir. La teulada relliscava com si fos gel i, no sense esforç i una bona concentració, la Blava tornà a l'arbre i, en un moment, ja era a terra. La satisfacció d'haver acomplert amb el seu propòsit li va farcir tot el cos. “Quina il·lusió, l'ocell ja és nostre!”, va cridar dins seu.

El senyor Precís havia desaparegut amb l'ocell. La ràbia se li escapava en forma de llàgrimes pels ulls i corria cap a terra, barrejant-se amb la pluja.

Tres dies més tard, el senyor Precís actuava com si fos l'amo del parc, i totes les persones li retien homenatge, en honor a la bellesa del cant de l'ocellet que portava lligat a la mà amb una corda. Tot fou veure-ho i la Blava va apretar les dents en senyal de venjança. Hàbil, es va dirigir a una botiga per comprar unes tisores i va seguir el senyor Precís fins que el va veure prou distret com per tallar la corda i agafar l'ocell. I just en el moment en què tallava la corda i agafava l'ocell va aparèixer en Fred.

Els ulls exaltats del senyor Precís pel robatori que tot seguit va denunciar a gorja oberta, es van obrir encara més quan la Blava va deixar anar l'ocell, després de fer-li un gran petó. Al seu torn, en Fred també els va acusar de robatori. I enmig del bullici que s'havia aplegat en sentir els crits d'uns i altres la Blava va exclamar: “Ni vostre ni meu, aquest ocell serà de qui vulgui ser!”. En Fred s'hi va llençar a sobre, decidit a ofegar-la amb les seves mans, i el senyor Precís el va intentar aturar. Aleshores l'ocellet, que s'ho mirava tot des de la branca d'un arbre, va dir la seva deixant anar una bona tòfona d'excrements, que caigueren en el petit espai que tots tres compartien en la seva disputa. Uns i altres, que pretenien decidir com havia de ser la vida de l'ocellet, van rebre una bona lliçó. I així fou com l'ocell va rubricar el desencís de la Blava, en Fred i el senyor Precís.


Nota: quan els humans ens apleguem segons afinitat política i formem grups grans actuem com la Blava, en Fred i el senyor Precís. Podeu jugar a canviar aquests noms per les etiquetes que emprem (anarquistes, comunistes, nacionalistes, socialistes, marxistes, llibertaris, social-demòcrates, liberals, republicans, ...), tan se val quines escolliu, de ben segur que uns i altres adoptem en algun moment les actituds dels personatges d'aquest conte. És en pensar-hi i en rectificar que confluïm en les grans qüestions ètiques que, des de temps llunyans, anem construint i compartim. Salut!





dimecres, 23 d’abril de 2014

L'espurneta i la revolta de les flames miraculoses

L'Espurneta i la revolta de les flames miraculoses

A totes les espurnetes 
que per allà on passen
 hi deixen un petit incendi

Espurneta: aquest era el nom que en Maurici havia assignat a la flama que, dia rere dia, encenia amb la seva pipa. S'aixecava, esmorzava una mica de fruita i pa amb oli i tot seguit es dirigia a la llar de foc. Allà, encara mandrosa, l'esperava l'Espurneta, que jeia amb les brases del foc que encenia totes les nits per escalfar-se; agafava un misto i deia: “Espurneta del meu cor, dóna alè a la meva pipa i vine amb mi a rebre aquest nou dia”. Aleshores, l'Espurneta i en Maurici sortien a passejar el que l'edat els permetés.

L'Espurneta gaudia, amb el seu amic, d'un temps plàcid. Anaven aquí i allà, visitaven indrets meravellosos i no s'havia de preocupar pel menjar. La pensió d'en Maurici li assegurava un tabac de bona qualitat i troncs robustos d'aquells que pots estar mossegant durant hores i hores. I és així com passava el seu temps. Un cop a la setmana, per arrodonir-ho, s'apropaven al Club de fumadors i allà es trobava amb d'altres flames que també tenien una vida relaxada i sense complicacions.

Un dia, però, en Maurici ja no va venir a encendre la seva pipa i l'Espurneta, estranyada davant la situació va sortir de la llar de foc. Es va dirigir al llit del seu amic però aquest no responia a les seves soflames: era mort. En sortir de la casa va veure un drap de coloraines estès al sol i li va calar foc per cridar l'atenció dels veïns. Després de ruixar el drap amb aigua van comprovar com, efectivament, en Maurici havia mort en la tranquil·litat de la nit. En dos dies es van succeir la vetlla i el funeral. Ni tan sols la secció de corda i les seves cançons no van poder contenir la tristesa de l'Espurneta que plorava en acomiadar-se d'en Maurici i la seva pipa, que l'acompanyaria a la tomba fins que els cucs l'acabessin de liquidar.

El nord, el sud, l'oest i l'est. Cap dels horitzons no podia oferir una vida tan confortable com la que oferia en Maurici, així que va tornar al Clup de fumadors a buscar-hi caliu, un nou amic o vés a saber què. Del club ja no en quedava res, el propietari de l'edifici l'havia enderrocat per construir-hi un casino, un lloc artificial, tan lucratiu com artificial. I artificiós. Hi mancava l'escalfor de la fusta, res no grinyolava, i tot lluïa sense sentit. El soroll dels tacons eren martells a la pell de l'Espurneta, que va pujar al primer pis a trobar un lloc des d'on llençar-se al buit, esperant desintegrar-se en el camí i abandonar aquest món, que ja no tenia sentit. I així ho va fer, amb tant mala (o bona) sort, que un remolí de vent el va transportar al capdamunt d'un camió que portava... oh, vet aquí! Fusta!

Una estona més tard, l'espurneta ja era a la fàbrica Barreda, vídua i fill, S.L.,una fàbrica de joguines situada a la vora d'un riu cada cop més mort. En accedir a la caldera va trobar milers i milers de flames esbojarrades, ennuegades per una vida d'excés, ben grosses i embriagades per la resina i d'altres substàncies que de tant en tant els llençaven. Reien sense mesura i gairebé sempre sense sentit, tant els feia el que passés fora del forn i no es van escoltar l'Espurneta quan els va voler explicar l'estat del riu. En el seu interior el comparava amb el tram on vivia en Maurici, més amunt, i donava la sensació que no fossin el mateix riu. En un racó, l'Espurneta va plorar durant hores, dies i setmanes, fins que...

Algú va començar a tocar la caldera amb violència, com si la fuetegés amb un bastó de ferro, se sentien crits i l'aldarull era generalitzat. La vídua del senyor Barreda havia mort feia un any. En Felip Barreda era un nen consentit, no tenia cap traça gestionant l'empresa tot i els ingents beneficis que generava i quan volia castigar els obrers els deixava de pagar; aquest cop sense cap motiu aparent els va deixar sense cobrar durant dos mesos i el darrer dia del tercer mes els obrers van dir prou. Un cop morta la senyora Barreda, en Felip va decidir jugar amb el destí dels seus treballadors i en el moment en què va esclatar la revolta, era al Club de golf, rient i fent gala del seu tracte cap els obrers. Quan el contable va comunicar que havia rebut ordres de no emetre pagaments quasi bé el van matar, però van entendre ràpidament que el culpable no era ell. Es va decretar la vaga.
I amb la vaga va venir la gana. El foc de la caldera es mantenia en els seus mínims i tard o d'hora s'acabaria. La ressaca va deixar una sensació de desorientació a la caldera, i s'acusaven els uns als altres de la situació. Cap d'ells no va saber reconéixer que la culpa també havia estat seva, que mai no havien buscar una alternativa per si succeïa res, que tampoc no sabien d'on sortia la fusta o com havien d'aconseguir-ne més. Una flama d'entre les més joves es va posar a cridar i tenia esclats violents, fins al punt que els seus cops deixaven incandescents les parets de la mateixa caldera.

Fou així com l'Espurneta va trobar la solució i va proposar un pla per fer fora el senyor Barreda. Ho van preveure tot, entre les idees d'uns i altres van elaborar una estratègia a fi i efecte de simular l'incendi de la nau. Amb les cendres de dies anteriors i una mica d'aigua elaboraren una pasta fina que van distribuir per tota la nau amb l'ajuda de l'aspiradora, i van desmuntar un parell de peces, tot deixant algunes deixalles pel mig, com si part de la maquinària s'hagués malmés en l'incendi. Després barraren el pas als camins que portaven a la fàbrica i van fer petites fogueres a la teulada i a la part exterior de la nau. Quan els bombers van arribar tot estava en calma, i sense haver d'entrar, amb l'olor de les petites fogueres ja es van fer l'idea que el foc s'havia consumit ell sol.

En arribar, el senyor Barreda va tastar la tristessa de primera mà. Els obrers li van començar a reclamar els seus salaris i l'acusaven d'haver cremat la fàbrica per desentendre's d'ells. En Felip Barreda, temerós de les represàlies, i amb les butxaques ben plenes, va emprendre la fugida.

Al dia següent, les flames van posar en marxa la segona part del seu pla. Amb la mateixa aspiradora van ruixar la nau de vapor d'aigua que escalfaven a pressió. En mig dia la nau semblava nova. Un dels obrers que vivia no gaire lluny d'allà va fer un passeig fins la fàbrica. Va obrir la porta amb els ulls ploraners i, de sobte, se li van obrir com si estigués veient la porta del cel. “Un miracle, un miracle!” va anar cridant casa per casa dels seus antics companys. Els deutes que en Barreda tenia amb ells van servir per adquirir la fàbrica de nou i, un cop constituits com a cooperativa, començaren a treballar de nou.

En Felip Barreda va patir la seva pròpia avarícia. El pes de les seves maletes era tan gran que el seu transport va caure pels pendents d'un penyasegat quan pretenia fugir, amb ell a dins. Des d'aquell moment, tots els bitllets van començar a embrutar la platja del poble. Els nens que hi jugaven, ara que el riu ja era net gràcies a la cura dels obrers, van començar a recollir aquells paperets que, més tard, van anar a bescanviar per joguines de la fàbrica Miracle, Societat cooperativa.


Ara l'Espurneta feia recompte. Amb en Maurici havia viscut feliç sense esforç, però potser una felicitat fruit del treball la podia compartir i celebrar.  

dimecres, 15 de gener de 2014

Por qué la literatura no comercial

Cualquiera que haya leído Los lloricas Els ploramiques , se habrá dado cuenta rápidamente de que es un relato, básicamente, de que se encuentra ante una obra de literatura no comercial. El hecho de autoeditar es una salida digna al periplo de negativas o, en el mejor de los casos, abusivas condiciones de las editoriales. Te relega, como sabemos, a la marginalidad, te deja al abrigo de las buenas intenciones y el poder adquisitivo del círculo de amigos y familiares que te quiere apoyar. Sabes que en la mayoría de los casos el libro se va a quedar en una estantería a dormir eternamente. Pero es una salida digna, a mi entender, al canon comercial que marca las publicaciones comerciales. Es un DIY de obligado cumplimiento: te lo maquetas tú, lo imprimes por tu cuenta y lo distribuyes como buenamente puedes, puesto que la negativa de los libreros a distribuir (y aún menos, leer y recomendar) este tipo de lecturas acaba siendo una respuesta, en ocasiones, desagradable. En el mejor de los casos, te ahorras la inversión gracias a una buena campaña de crowdfunding (que la mayoría no sabemos plantear) o dejas el escrito libre para descarga gratuita, a pesar de los problemas de distribución y lectura real que comporta. Nadie está interesado en descubrir un talento nuevo, sólo interesa vender el libro que pide el cliente, el que encontrarás anunciado aquí y allá. Porque todo el mundo parece confiar en ese filtro que tantas y tan buenas distracciones nos ha dado hasta el día de hoy. 

La distracción. Esa es la clave. Un pasaje de La isla, de Aldous Huxley me recordó la diferencia fundamental entre el entretenimiento y la distracción. Aunque ambos conceptos pueden tener un resultado parecido, es evidente que existe cierto matiz que la convierte en relevante (la obra, por si queréis saberlo, me pareció un tostón que no ha superado el paso del tiempo, y que no tenía en cuenta algunas ideas que en su época ya circulaban como el manifiesto Unabomber, aunque un buen ensayo sobre cómopensar la utopía -en mi opinión, Huxley tenía un concepto fordiano, usando los registros de su Mundo Feliz, y desprendía un liberalismo anglicano del que nos sigue llevando a la desgracia). Estamos acostumbrados a ver obras, literarias o cinematográficas que tienen una moraleja, que la básica lucha entre el bien y el mal, simplificada al máximo, aparece al rescate de una historia adornada con una relación amorosa que sin ese tinte progre de valores sería el único aliciente. Aún con todo, el entretenimiento no deja de ser entretenimiento y sirve de base a esa vertiente de la relajación, la alienación que, con una disculpa temporal bastante poligonera, recibe el nombre de evasión. Queremos escapar de nuestro día a día un ratito. Qué curioso que siempre sea por la noche... para luego volver a la realidad en la que hemos decidido no intervenir o hacerlo de modo subsidiario. 

La literatura no comercial no necesita los ejercicios clásicos de la literatura convencional, comercial. No necesita una tensión sexual irresuelta, no requiere de obstáculos para perso9najes épicos o cotidianos, no le importa carecer de ese bajón que precede el acto heróico. En realidad, la literatura no comercial está poco preocupada, incluso por el perfilado de los personajes y mucho menos por el paisaje de los miles y miles de adjetivos usados hasta la extenuación, que van a adornar una descripción hasta el último detalle, aunque no tenga interés en absoluto para el resto de la obra. Personalmente, me gusta que haya personajes, porque hacen que sucedan cosas y toman decisiones, y cierto hilo, un poco de trama, pero cuando lo que quieres es provocar una reflexión que lleve al sujeto activo a la acción, el regalo no tiene por qué estar bien empaquetado, basta con que sirva a su fin y disponga de todas las herramientas necesarias. 

Mientras escribía Los traficantes me di cuenta de que maté al malvado en el tercer capítulo y, lejos de constituir un intento de rebeldía infantil, lo hice porque quería crear un escenario de vacío de poder, en el que fueran necesario reflexionar sobre el futuro, sobre la necesidad o no de tomar decisiones, y cómo se tendrían que ejecutar. Cosas así son las que me impulsaron a matarle. Un tirano habría sido útil en un sentido práctico porque habría podido crear una historia de sublevación, mucho más comercial sobre todo si la mantenía hasta el final o la llevaba al límite. Sin embargo, mi voluntad era otra. Las prioridades no son ni el dinero ni la fama ni las ansias de llevar mi pensamiento a todos los rincones porque tampoco soy un superhombre. Mi intención es mucho más difusa. Es posible que no sepa ni yo por qué escribo, lo único que sé es que no dejaré de hacerlo. 

Mirad, acabo de encontrar en esta frase la forma ideal para finalizar este escrito, abruptamente, sin necesidad de justificarme. Mi voluntad es otra.




dijous, 9 de gener de 2014

Privatizar la sangre

"Para hoy había escogido ser Elbert Gleinstrud, una identidad falsa que había inventado para poder ir a donar sangre fuera de los periodos reglamentarios de descanso. Se había atiborrado a hierro y vitaminas para no ser suspendido en la primera prueba y llevarse, al menos, la recompensa mínima. Elbert estaba al límite de ser suspendido como donante de sangre por la mala calidad de su sangre, pero todavía lo podía intentar una vez más. En veinte minutos escasos ya había cumplido su objetivo. La tercera donación en lo que llevaba de mes. "En fin, hoy podré comer caliente" musitó para sí mientras esperaba la autorización del semáforo para pasar. El ligero mareo que te invade después de donar, sin embargo, se unió a la flojera y el dolor de cabeza que le acosaban hacía unos días, las piernas le tambalearon y ese momento de despiste bastó para que su cuerpo cayera sobre el primer carril de la calzada. Un coche veloz le embistió. Ahí acabaron las donaciones de Elbert, Josua, Gerard y Faust. Murió en el acto, sin apenas conciencia de que estaba muriendo". 

Cuando se dice "privatizar la sangre" el escenario al que estamos aludiendo es el de este microrelato: la sangre como producto sujeto a valoraciones del mercado. Si la sangre se pudiera comprar y vender libremente no estaríamos más lejos de una distopía que en 1984. Si no se tratara de la sangre no tendría ninguna objeción a jugar políticamente con ello pero es la sangre. La vida de muchas personas depende del acto altruista de ir a donar sangre, por lo que la cautela al hablar políticamente de ello debe ser la máxima. Hoy, la sangre está fuera del comercio y conviene que siga siendo así. Su tráfico está prohibido y el sector público, en estricto monopolio, gestiona las reservas y las políticas de obtención y distribución de la sangre. Eso no quiere decir, en absoluto, que deba estar fuera de nuestra mirada política, todo lo contrario, ésta debe ser intensa puesto que se trata de un asunto de la primera magnitud. No podemos permitirnos, no obstante, que una comunicación poco rigurosa ponga en jaque el sistema de transfusiones, alentando las suspicacias y poniendo en duda el carácter público de la actividad. Si la gente no va a donar por creer que se está comerciando con la sangre, entonces sí que estamos poniendo en riesgo la provisión universal y la atención indiscriminada a las personas enfermas que la necesitan. 

Últimamente corre el rumor de que la donación se está privatizando, que se tarifica nuestra sangre y se vende, como si hubiera un mercado. Eso no es cierto. El sistema público realiza la gestión en monopolio y luego carga el coste de la recogida y su tratamiento al sector privado. Si la cediera gratuitamente estaríamos ante una subvención que, en un sistema integrado de salud, sería lo que en derecho comunitario recibe el nombre de subvención cruzada. Los cobros se realizan por bolsas, ajustando el reembolso al consumo exacto realizado por las empresas privadas. Esto no quiere decir que la sangre cueste un tanto el litro. La gestión cuesta un tanto la bolsa, como fruto de un cálculo milimétrico de coste asociado a la recogida y distribución. 

Es cierto que sobre la sangre existen los mismos riesgos que sobre cualquier otra actividad. Ese riesgo no se llama privatización sino externalización. El monopolio no garantiza la aparición de zonas oscuras en la contratación o concesión de la gestión por empresas privadas, es más, esta posibilidad puede afectar a la calidad de la atención sanitaria y el bienestar de los enfermos. En cualquier caso, nuestra comunicación política tiene que estar destinada a salvaguardar esta actividad dentro de unos parámetros de garantía pública. Para conseguirlo hay que trabajárselo. Un ejemplo: en el caso de Madrid, donde la externalización es casi enfermiza y tiene por objetivo depreciar los servicios públicos para luego concederlos al sector privado (según ha denunciado hasta la saciedad la Coordinadora Antiprivatización de Madrid) se ha concedido la gestión de las unidades móviles a terceros. Después de una desastrosa denuncia de "privatización", la estrategia se ha declinado por hacer un llamamiento a realizar las donaciones en exclusiva en los centros hospitalarios, para desplazar al sector privado de la tarea. Políticamente es más responsable que decir que nuestra sangre tiene precio y se vende a peso.

Hay que distinguir, para que nuestra crítica sea acertada, varios campos de análisis:
1. APUNTAR: Atacar a los organismos que realizan la gestión de la sangre y los tejidos es un error fatal. Hay que identificar y ejercer el control sobre el nivel político que decide cómo se gestiona el sistema público. En el caso de contratos y concesiones es necesario conocer a esos proveedores y poner atención a sus intereses, sus políticas de recursos humanos, y todo cuanto nos ayude, en su caso, a denunciar públicamente sus movimientos. La comunicación política en este ámbito no puede ser simple ni visceral, sino el resultado de un análisis impecable, que marque las señales de alarma con precisión, sin vaguedades. 
2. PRIORIZAR: El control ciudadano del sistema de gestión de la sangre y los órganos debe poner en valor, y por delante, la necesidad del carácter público, gratuito y altruista de la donación. La gestión pública debe asegurar la transaparencia. El núcleo de la actividad debe estar bajo manos públicas sin que sea posible la participación del sector privado. Para realizar una acción política responsable al respecto es necesario anteponer la necesidad de un sistema de calidad transparente y público en el que no medio otro interés que la distribución universal y gratuita sin discriminaciones.
3. VIGILAR: Empiezan a ser habituales en este ámbito los contratos con empresas privadas u organizaciones sin ánimo de lucro -lo que no significa que no haya intereses ocultos y trapos sucios de por medio-, que se encargan de un segmento de actividad concreto. Identificar esos segmentos de actividad es crucial si queremos dirigir la acción en la buena dirección. Constituye un elemento importante descubrir los ámbitos de concesión o contratación de partenariado. En el ámbito anglosajón se conoce a estos contratos como PPP (Partenariado Público-Privado) y en España se ha importado la figura bajo la denominación de "contrato de colaboración entre el sector público y el sector privado" (art. 11 LCSP). En teoría se desplaza el riesgo al privado adjudicatario del contrato, que ha realizado una determinada inversión. En la mayoría de los casos no sólo es falso que se desplace el riesgo porque apenas existe, pero además suele tratarse de contratos oscuros donde si finalmente no se recupera la inversión y no hay beneficio, los amigos vienen al rescate y lo sufragan con nuestros impuestos. Mi primera sorpresa cuando estuve en Québec fue ver que los movimientos sociales habían señalado esta fórmula de gestión como el mayor peligro para la economía pública. Aquí todavía no sabemos qué es. Pues hay que saber que la mayoría de los contratos con los amigos suelen tener esta forma. También se les conoce como contratos de leasing. 
En este punto, es importante señalar que esta actividad tiene muchos puntos de interés y todos ellos contribuyen a la salud del sistema. Aplicaciones informáticas, mecanismos de protección y seguridad (no en vano se consideran infraestructuras críticas), provisión de componentes, personal médico, adminstrativo, servicios de limpieza e higiene, ... Si hemos puesto en valor la actividad defenderemos las mejores técnicas de gestión para ella incluyendo las que requieran de control externo.
4. TERCEROS: La participación de terceros (sector privado, tercer sector) es una fuente de peligros, de aparición de corrupción, de corruptelas varias. No hay que dejar el control y la denuncia de los negocios sucios en manos de los empleados que están dentro, puesto que pone en peligro su seguridad, su empleo y su bienestar. Por otro lado hay que tener en cuenta que, en determinados casos, la participación de terceros es deseable y puede ser exigible, bien porque se necesita alguien ajeno que no falsee la información, bien porque pueden realizar esa función de vigilancia al sector público, que también genera sus propias perversiones. 

Cómo garantizar que la gestión de las transfuciones y los transplantes quede al abrigo de intereses espurios y de externalizaciones que pongan en peligro la calidad y la atención sanitaria? Pues bien, en una sociedad dinámica y bien formada el control se realizaría de forma ordinaria en una no-fórmula de movimiento social caótico pero acompasado por el conocimiento, la responsabilidad y unos objetivos claramente trazados de forma colectiva. No siendo este el caso y, vista nuestra poca destreza al comunicación política, mi opinión tiende hacia la sovietización del control, mediante consejos de supervisión en los que integrar a los profesionales de la salud, responsables administrativos de diferentes ámbitos territoriales, la ciudadanía (la organizada y la no organizada también) y, en menor medida, el sector privado, a través de un mecanismo ciego en el que todos los participantes tuvieran acceso a la información de gestión y pudieran denunciar, en su caso, la aparición de anomalías. Algo así:
"En un principio, María se alegró y no dudó ni un instante en llamar a su hermana para decirle que su empresa había sido designada para aprovisionar al centro de transfusiones de bolsas y tubos plásticos. CEFESOR estaba sobre la cuerda floja, la información no llegaba a los trabajadores, pero estaban en un punto crítico, al borde del despido; el contrato podía ser su salvación. Media hora más tarde empezaron a aparecer mensajes en el tablón de anuncios del Consejo de Salvaguarda de la Transfusión. Por la forma de escribir, la mayoría podían considerarse médicos, pero también administrativos y personal de todo tipo. La adjudicataria del contrato había tenido problemas relacionados con la calidad de los productos en otros países. Algunos mensajes detallaban cómo la empresa había querido rebajar costes disminuyendo la calidad de los productos para aumentar los beneficios y algunos países habían rescindido los contratos tras algunos episodios desagradables, forzados por la presión ciudadana, que había sido silenciada por la prensa, como de costumbre. Una lágrima descolgándose de la mejilla de María anunciaba el final: en dos días su hermana fue despedida. La calidad del sistema de transfusiones parecía estar a salvo, y ése era un motivo de satisfacción, pero... La presión ejercida por el Consejo con sus mil voces anónimas, finalmente tomó forma y los responsables de la gestión del sistema no tuvieron otro remedio que ceder y crear una empresa pública que elaboraría los materiales necesarios con el mejor material disponible. En tres semanas llamaron a la hermana de María y le propusieron incorporarse al departamento de I+D en el que se proyectaría el mantenimiento de la calidad". 
FIN

dimarts, 13 d’agost de 2013

dilluns, 1 d’abril de 2013

Respira, respira


Respira, respira

Al principio no le daba importancia y apenas le prestaba atención a ese mínimo porcentaje estadístico. El tema siempre salía en las conversaciones que mantenía con las otras personas que estaban en mi situación. Cada cual mostraba su lado más ignorante y su verdadera personalidad al hablar del tema: unos se asustaban o exageraban su respuesta para hacer el mejor semblante y parecer los mejores, los más devotos; otros no querían pensar en ello. Los había que se autocompadecían con ese “si tiene que pasar pasará”, la versión agnóstica de la atribución de cualquier cosa desconocida a una fuerza misterioso y, por desgracia, tan bondadosa como caprichosa; en ambos casos el encomendado al azar sólo hace que escurrir el bulo, pensaba yo.

Conforme la posibilidad se iba desvaneciendo mi cabeza le iba prestando más atención. Todo empezó una noche de verano. Estaba solo con él y tampoco era la primera vez. Me fui a dormir con último pensamiento: ¿qué pasaría si él dejara de respirar? La impotencia dio paso a la angustia y ésta trajo el llanto. Las especulaciones se apoderaron de mi, sin compasión, y me llevaron a un laberinto.

Media hora más tarde me rendí y me levanté, empecé a buscar información. SMSL: Síndrome de la Muerte Súbita del Lactante, multiplica por diez las muertes en accidente de tráfico. Este dato me dejó abatido, eran cifras que superaban la mayoría de los conflictos armados activos. Fui hacia la habitación y me acerqué a ver. Respiraba y su corazón latía. Volvía buscar más información. Se trata de un paro cardíaco que sorprende al niño. Se desconocen las causas, algunos estudios creen haber encontrado algunos indicios entre los cuales se hallan madres jóvenes, condiciones de calor y otros detalles que a priori pueden pasar desapercibidos a cualquier padre. Encontré advertencias útiles, por ejemplo, no debía confundirse con la muerte por ahogo, que podían producir las almohadas poco porosas.

No pude recoger toda la información que hubiera deseado y las tres horas siguientes que pasé en la cama las dediqué a trazar un plan para proveerme de soluciones. Cada diez o veinte minutos iba a observarle y todo parecía normal, en realidad cada uno de los viajes que hice debería haberme tranquilizado y, sin embargo, tenían el efecto contrario. El SMSL se ocultaba tras la normalidad, era un enemigo invisible. En ocasiones suspiraba y descuadraba todas mis sensaciones, ya no sabía si eso era bueno o malo, o qué debía pensar al respecto.

Día uno. Compré una almohada porosa, un sistema de captación de audio. Pude investigar algo sobre pulsómetros y encontré algunos comercios especializados que me dieron soluciones complementarias. Con todo aquel arsenal podía estar tranquilo de que si pasaba algo me enteraría, o eso creí al primer instante. Fue una estupidez, aquella primera impresión de que comprar artilugios era la solución fue tan vacua como presumir que la diversión se consigue con el equipamiento completo para practicar un deporte que nunca has practicado. Y yo jugaba fatal.

La cena fue un horror, cada minuto más hacia la hora de dormir era un suplicio. Ese “día uno” nunca terminó. Ese pensamiento se apoderaba de mi. El ser interior que se aloja en mi cuerpo se derramaba de forma incontrolada de pensar que aquello podía pasar. Sólo con pensarlo, mis ojos se salían de su órbita. Era inasumible no volver a verle riendo o enfadado, gateando o señalando objetos. No existía placer comparable con una sonrisa alegre ni infierno mayor que aquella ausencia.

El aparato de escucha molestaba a mi pareja y madre, que mantenía al resguardo de mi preocupación, de modo que lo instalé en el despacho, en el que pasé un buen rato leyendo artículos de prensa, y ensayos de los que me había provisto. Ningún tratado de medicina se me resistía, incluso sabiendo que la información complementaria que necesitaba para poder leer con claridad algunas revistas especializadas era infinita.

Los veinte minutos de tránsito entre visitas se fueron acortando y devinieron adicción. Cada noche se despertaba cuatro o cinco veces y luego se volvía a dormir. Les solía llamar “el respiro”, pues oírle llorar calmaba un poco mis ansias de saber que seguía vivo. Durante el invierno las mucosidades añadían un poco de ruido a la respiración, hasta el punto de que la limpieza de los orificios nasales dejó de ser una prioridad y los moquitos se convirtieron en “mis ayudantes”. Cada vez dormía menos; las horas de sueño eran inversamente proporcionales a mi tranquilidad, así que la fatiga física se convirtió en un mal menor.

Una noche no le oía, a pesar de estar a menos de un metro de él. Adoptó una posición hermética, volviendo inaccesibles corazón y cuello a la vez. Entonces, le moví un poco y se despertó, pero tanto mejor, un minuto de llanto suyo equivalía a veinte minutos menos de llanto para mí, atormentado como estaba por la mera idea de perderle en un descuido. Las primeras veces le despertaba sólo para poder mover su cuerpo y alcanzar alguna zona hábil para la escucha o el tacto, las siguientes fueron plenamente voluntarias. Gruñido para él, sonrisa para mí. Me conformaba con saber que estábamos a salvo. Volvía a pensarlo una y otra vez, si él desaparecía no me lo podría perdonar jamás.

Dos meses después, pasaba más horas en su habitación que en mi cama y acondicioné unos cojines en el suelo que, según alegué, hacían la función de facilitar el juego y evitar los golpes en la cabeza durante las horas de recreo. Estirado sobre ellos sólo tenía que alargar la mano hacia el cuerpo del pequeño y buscar su pectoral izquierdo en busca de esos minúsculos latidos de vida: era la distancia exacta entre la desesperación y el alivio. <>, sollozaba entre lágrimas de alegría y esperanza. Y a los pocos minutos, la tristeza anticipada de esa probable tragedia volvía a apoderarse de mi. Una posibilidad, una probabilidad, ya no había diferencia si no podía evitarla.

Los párpados se me caían mientras leía un informe académico sobre mi enemigo cuando percibí el cese de su respiración a través del aparato. El silencio fue bastante notorio porque aquella noche emitía un ronquido muy gracioso y que en mis oídos era gloria. Esta vez, el horror de la muerte me invadió por completo. La carrera hacia la habitación fue precipitada y por el camino golpeé una silla. Se despertó y al llegar me postré ante su cuna, llorando y suplicándole que no se fuera. Había imaginado que estaba padeciendo una apnea, el preludio de una pesadilla real, el signo inequívoco del peligro que nos acechaba, el incremento de la probabilidad. Estaba en lo cierto, ya no era una mera especulación, era un peligro certero. ¡No, joder, no! ¡Mierda, mierda! Hijo, ven, ven aquí, abrázame. El niño lloraba despavorido, contagiado de mi propio terror. No podría decir quién estaba más asustado de los dos. Treinta minutos después estaba agotado y se durmió sobre mi pecho. Mi felicidad era enorme, pero era temporal, la desgracia nos pisaba los talones.

Ella empezaba a sospechar algo raro; le oculté mis preocupaciones y sospechas, pero llegado un punto no pude más; además el episodio de aquella noche reclamaba alguna explicación. Le dije que de repente dejé de oír la respiración del niño y le pareció lo suficientemente grave. Al día siguiente fuimos a urgencias; allí nos informaron de que las apneas son frecuentes, que sucedían con normalidad en algunas personas, que en modo alguno podían considerarse un síntoma preocupante de un transtorno mayor pero, por supuesto, requerían vigilancia. En aquel momento no pudieron hacer un análisis de sueño por falta de recursos. Volvimos a casa con unos consejos preventivos hasta que pudiéramos hacer las pruebas. Debería estar relajado por las indicaciones del doctor, y sin embargo otra vez la fatalidad se apoderó de mis pensamientos.

Los signos del cansancio se hacían evidentes. Un último esfuerzo, tengo que ir a buscar un par de cosas para soliviantar la respiración que he maltrecho dejando de lado las limpiezas nasales. Bajo a la farmacia que hay enfrente de casa. Concentración: a la farmacia, a la farmacia. Gano la calle con la mirada puesta en la farmacia (la farmacia, la farmacia) y no dejo de pensar: "respira, respira". Cruzo. Sin mirar.

Fin.

[Final alternativo 1]

Los signos del cansancio se hacen evidentes. Un último esfuerzo, tengo que ir a buscar un par de cosas para soliviantar la respiración que había maltrecho dejando de lado las limpiezas nasales. Bajo a la farmacia que hay enfrente de casa. Concentración: a la farmacia, a la farmacia. Gano la calle con la mirada puesta en la farmacia (la farmacia, la farmacia) y no dejo de pensar: "respira, respira". Cruzo. Sin mirar.

Dicen que antes de morir la vida pasa ante tus ojos. No es eso lo que me sucedió. A la primera señal de que algún objeto estaba golpeando mi cuerpo a velocidades letales mi mente empezó a recordar estos últimos meses que había pasado obstinado en evitar la muerte de mi hijo y obsesionado en no ver que la mía estaba en juego. Esa luz blanca con forma de tunel que se acompaña de un bienestar físico incomparable esta vez se tiñó de una mezcla de rabia y tristeza y el poco tiempo que mi cerebro tardó en derramar todo su contenido en el asfalto lo pasaron mis ojos entretenidos en desechar la última gota salada de culpa.

[Final alternativo y/o complementario 2]

Por suerte, este esperpento de precipitación hacia el abismo apenas transcurre así y las inquietudes que nos asaltan en todo momento suelen concentrarse en un segundo de congoja que nos obliga a conocernos, a analizar el contexto en el que existimos y nos exige una resolución. Es un examen: nuestro intelecto pone a prueba nuestros instintos más escondidos, y así acontence en otras tantas ocasiones. Superación personal, rebasamiento de obstáculos, descubrimiento de peligros, aviso preventivo, obsesión inopinada o simple parada técnica para consultar el mapa; nunca sabemos en qué tablero lanzamos los dados, y debemos mover ficha sí o sí, porque en la vida estar quieto también es un movimiento. Elegir susto o muerte no siempre es un chiste, en la mayoría de casos son las cuestiones vitales con las que trazamos nuestro recorrido. Estad atentos, esa pregunta que os hace vuestro cerebro podría ser irrelevante o podría ser la divisoria entre el cielo y el infierno.

Pero recordad: la realidad siempre se empeña en superar a la ficción.