dimecres, 4 de gener de 2012

Mil batallas por ganar

Otra vez la noche me ha traído un sueño extraño extrañísimo. El único lazo con la realidad que he logrado encontrar es la tortuga que le regalaron l@s viviender@s a mi hijo el viernes pasado; el resto, es fruto de mi chaladura. Entendedlo, porfa plis.

Mil batallas por ganar

Los campos de aquel país todavía olían a primavera, aunque el sol apretaba duro. Me desperté con el recuerdo de aquellos prados verdes inundados de plomo. Las balas volvían a pasar cerca mío, todavía me salpicaba la tierra por el impacto de las bombas. Fue una misión muy dura, pero esta vez me había llevado un buen jornal ayudando a una gente que lo merecía. Creía estar curtido en mil batallas, pero todavía no podía mirarme orgulloso al espejo; la mayoría de los combates dolían más por la gente que sufría sus consecuencias que por el riesgo que se corría. Algún día, cuando reuna el suficiente dinero, me retiraré y ya no tendré que ver a esas niñas llorando por la pérdida de su corrupto padre. Esas pequeñas acciones no me sientan bien, definitivamente. Esta mañana he vuelto a ver el tatuaje que me hice en Etile. Estaba tan orgulloso de haber liberado a los campesinos del terratiniente tirano que desvirgar mi piel con la imagen de la tortuga autóctona convertida en la empuñadura de un machete me pareció, de repente, una buena idea. Me equivoqué, nunca me gustaron los tatuajes y ahora tengo uno enorme en mi antebrazo.

Vaya, ya está mamá con las prisas:
 - Vamos, cariño, tenemos muchas cosas que hacer esta mañana -gritaba mi madre, excitada por la espera, claro ella llevaba desde las 7 levantada mientras que yo apenas había dormido cinco horas, después de un largo vuelo.
 - Sí, mamá, me ducho en cinco minutos y voy -qué poca paciencia tiene esta mujer.

Llegando a la universidad me encuentro con una manifestación de estudiantes. Subidas de tasas, cada vez menos personal educativo y peores servicios, lo de siempre. Si se enteraran que su gobierno utiliza la Universidad como tapadera para pagar a los mercenarios que vamos a hacerles el trabajo sucio a otros países esto no sería una simple manifestación, andarían a tiros... y yo me llevaría un sobresueldo, qué ironía.

Hoy Claudia está radiante, ¿a qué se deberá este cambio? Me atiende muy atenta, hoy está especialmente amable, brilla el áurea:
- Hola, Claudia, ¿cómo estás? -le pregunto amablemente, como ella se merece.
- Muy bien, tu en cambio tienes cara de cansado -me dice después de observarme.
- Sí, llegué ayer por la noche del seminario, todavía no he podido descansar -pobrecilla, si ella supiera que en realidad no me pagan proyectos de investigación botánica seguro que no sería tan amable.
- Aquí está tu cheque, pero... verás, ha habido un cambio con el programa de gestión de las facturas, tendrías que hacer unos cambios para el próximo año -me comenta escéptica.
- Uy, ya sabes que yo trabajo con tu plantilla y lo hago todo mecánicamente... -le respondo un poco avergonzado.
- Si quieres salgo un poco antes y vengo a configurarte el ordenador -se ofrece con su natural vocación por ayudar a los demás.
- No te molestes mujer... -le respondo.
- No es una molestia, al contrario, además tampoco vivimos tan lejos -insiste, como siempre, tan servicial. ¡Qué fantástica es esta mujer! Quién pudiera tenerla en sus brazos.

Me despido y salgo con mamá a la calle, desierta. Cruzamos la plaza de la universidad, en dirección a casa y de repente aparece una multitud de estudiantes, por la otra calle los antidisturbios tratan de cerrarles el paso. Hemos quedado atrapados en medio del disturbio. Los manifestantes empiezan a lanzar piedras y objetos diversos hacia la policía, en nuestra dirección. Al menos mi entrenamiento me ha dado reflejos para detener algunas piedras y proteger a mamá de los objetos que llegan. Un coctel molotov nos pasa rozando. La policía empieza a lanzar disparos al aire y pelotas de goma hacia los manifestantes, que se escudan detrás nuestro. Agazapado en la entradilla de una tienda recibo el impacto de una pelota de goma en el antebrazo, justo en la zona del tatuaje. Los antidisturbios hacen retroceder a los estudiantes, estamos salvados. Pasan a nuestra altura pero no dicen nada, sólo algunas miradas de desaprobación que dicen '¿qué hacen ustedes aquí?'. Con el tiempo se vuelven como nosotros. Van ganando batallas pero van perdiendo muchas otras. No quisiera acabar así de fracasado, pero me temo que llevo muchas batallas más en el cuerpo.

En fin, llegamos a casa, mamá está todavía un poco sobresaltada. La siento en el sofá y le preparo una manzanilla. Me dirijo al lavabo, descubro el vendaje de mi tatuaje y se confirman mis sospechas. Si algo no necesitaba el tatuaje era el impacto de una bola de goma, ya veremos qué acaba siendo de mi antebrazo. Me aplico un poco de alcohol y me pongo unas gasas; las aseguro con esparadrapo.

Al cabo del rato pican al timbre. Es Claudia, bellísima. Entramos al despacho y encendemos el ordenador. Me quedo embobado mirándola. Su sonrisa retenida pero imparable me dice que la atracción es mutua. En medio de una de sus explicaciones me acerco y la beso. Y me besa. Nos besamos. No puedo soportar la presión y se lo cuento todo, que me gusta ella, le explico mi verdadero oficio, mis circunstancias. Que lo dejo todo, ya no puedo soportar más la presión de la conciencia. Que me quedan mil batallas por ganar.

2 comentaris:

Pisciotta ha dit...

Aahh, no sabía que escribieses tan bien nene, te seguiré en tu blog a partir de hoy. Un besotón.

Mort_Adela

Carles Alonso ha dit...

Ostres, ara veig el missatge, quin desastre! Gràcies pel comentari!!!