Si un día escribiera un libro, este sería un esbozo
La Utopía y la justicia
La utopía es un objetivo que la humanidad ha creado en su imaginario, seguramente porque, contrariamente a la organización estatal, constituya el máximo de los ideales y su destino, digamos, natural. El ser humano, como animal que piensa y es capaz de realizar sus pensamientos, tiende a autoprotegerse de forma individual -aportando soluciones frente a los desastres exógenos a la sociedad como las catàstrofes naturales o, sin ir más allá, de las adversidades climáticas- o de forma colectiva -protegiendo al más débil para conseguir la supervivencia de la propia especie y su bienestar. El declive de la sociedad moderna y su continuidad durante el siglo XX se basan en el hecho de que para mejorar el bienestar, el hombre moderno ha roto la relación con el entorno natural del que forma parte y que le permite la supervivencia, tratándose de un peligro para la supervivencia de las generaciones futuras e incluso de las presentes. El concepto de utopía nos remite a un mundo ideal cuyo orden no es establecido, sino procedente de la espontaneidad, del caos –que no tiene nada que ver con la violencia- construido desde la individualidad hacia la colectividad, en el que la convivencia entre los miembros de la misma especie y su entorno natural es fruto de una harmónica relación en la que no existe el abuso. En la utopía no es necesario que nadie diga lo que es bueno o malo para el conjunto de la sociedad, es una sociedad justa porque está compuesta de personas justas que obran por su voluntad y conforman su voluntad con la previa asunción de la voluntad y libertad del resto de seres. Sin embargo, no vivimos en utopía, son muchos los elementos que nos separan de la utopía y a continuación intentaremos trazar algunos de los elementos que nos separan del fantástico ideal; tal vez sirvan para aproximarse a ella o alcanzarla.
1. El germen de la injusticia
La injusticia se produce cuando se rompe la harmonía en la relación entre el ser humano y su entorno, del que forman parte otros seres humanos en un proceso simple: se trata de un proceso en el que un individuo pretende conseguir un aumento –innecesario, por otra parte- de su bienestar a costa de su entorno para lo cual utiliza la fuerza física directa o indirectamente –normalmente gracias a la persuasión de otros seres humanos que se beneficiarán de ello aumentando también su bienestar-; de esta forma se produce un abuso del entorno para el provecho propio y privativo con el resultado de un uso ineficiente del entorno.
Este proceso, destinado a autoliberarse, mediante el abuso, de las tareas de supervivencia básicas, se puede dar en todas las sociedades y de hecho se ha dado repetidamente, con una cadena de relaciones prácticamente insondable que ha involucrado a seres humanos de todos los tiempos. Ninguna sociedad se ha librado e incluso algunas generan sus propios instrumentos de búsqueda de poder de formas culturales y religiosas, puesto que les autolegitima frente a otros seres humanos o frente a otras especies.
El punto más importante de este proceso se sitúa en la colaboración. Ningún ser humano puede abusar de su entorno de una forma tan intensa que impida al resto su disfrute y, de intentarlo, el resto acabarían por detenerle. Para hacerlo, el hombre que pretende el abuso necesita aliarse con otros seres humanos que lo pretendan o pedir su colaboración a cambio de recompensa. La capacidad de movilización del abusador acaba por ser tan grande que el abusado lo tolera e incluso lo acaba justificando, puesto que de la injusticia puede aprovecharse cualquiera y obtener bienestar a bajo coste, siempre que se someta a los designios de otro abusador o abusadores.
2. La plasmación de la injusticia en las leyes, la jurisprudencia y la ciencia jurídica: la democracia como la peor de las soluciones
La consolidación de esferas de poder sobre otros individuos, como relación de abuso del entorno, se ha acompañado siempre de una plasmación duradera en algún tipo de soporte, que suele tener por efecto, tanto extender su conocimiento como aportar un elemento de validez: eso es el Derecho. Durante mucho tiempo, se ha dejado el aspecto relativo a la legitimación (su justificación) a elementos esotéricos, de entre ellos los más relevantes han sido los dioses y, en sociedades en las que se ha superado o en la que no dan un caràcter civil a la religión, una idea abstracta de comunidad cuyos designios son establecidos mediante mecanismos más o menos democráticos.
Pero no se olvide nunca, el único objeto de una norma –sea ley o contrato- es el de establecer obligaciones o prohibiciones de caràcter absoluto (hasta incluso los elementos de ponderación lo son). El caràcter absoluto de las normas, sin embargo, no se cohonesta bien con el caràcter animal de la especie humana. Nada es blanco o negro en la sociedad de los seres humanos. Han sido los jueces y los científicos del Derecho los que han intentado trazar líneas de discontinuidad con el caràcter cerrado de las normas, a veces con acierto a veces con efectos desastrosos. Sin embargo, el poder que han tenido unos y otros es idéntico al poder del sujeto que elabora y aprueba una norma. Establece una solución que normalmente también reviste caràcter absoluto a una complejidad. No hay que decir que el gran poder que el poder superior le ofrece a una instancia judicial es un caramelito del que no dudan en apoderarse los que pretendan abusar del entorno.
El papel que juegan los científicos es mucho más sutil, pero igualmente aterrador. Mediante sus estudios legitiman o deslegitiman al poder a su gusto, permitiendo una u otra forma de abuso y, en muchas ocasiones, esperan una recompensa por parte del abusador.
En cualquier caso, todas las instancias de una democracia –aunque funcione de forma completamente racional- no pueden satisfacer la diversidad de la vida humana. En una república soviética, la misma idea de democracia puede dar lugar a abusos, ya procedan de un solo individuo o del conjunto de la “comunidad”. Es jocoso para muchos desvelar el trato que griegos y romanos dispensaban al conjunto de la población, puesto que de acuerdo con las ideas y normas de la república, los esclavos no eran seres humanos. Esto es, el Derecho se reservaba incluso una capacidad que, hoy día, reconocemos como una de las funciones de la biología. No hay que ir más lejos para constatar que, en la actualidad, las sociedades humanas abusan, en su conjunto de su entorno natural, vegetal, animal o mineral, sin que nos tiemble el pulso a la hora de maltratar el entorno incluso sin una finalidad ligada a la necesidad, de forma que tomamos por válido el asesinato de animales por motivos de ocio.
Y para acabarlo de remetar, la democracia instituye siempre un sistema de represión puesto que el disidente es siempre un enemigo de la comunidad y sobre él se hacen recaer un sinfin de desgracias en caso de actuar conforme a su pensamiento, diferente al normativo.
[continuará...]
3. La injusticia como producto de la sociedad
4. La desaparición del dinero y la economía de la libertad
5. El principio de la libertad
6. Lucha social y realización de la justicia
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris justicia. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris justicia. Mostrar tots els missatges
dimecres, 26 de novembre del 2008
diumenge, 17 d’agost del 2008
Lectura recomenada: La Balada de la Justicia y la Ley, Alejnadro Nieto
Os dejo con algunos trocitos de cielo, del libro la Balada de la Justicia y la Ley, del profesor Alejandro Nieto:
"Quienes defienden su derecho individual y al tiempo pretenden derribar el Sistema en que se ha producido la injusticia desean algo más que matar dos pájars de un tiro: no son simples oportunistas pragmáticos sin individuos convencidos de que las injusticias individuales son hijas del Sistema y que, por tanto, para eliminar aquéllas hay que empezar por éste. Y no les falta razón, porque la realidad es que el Sistema defiende de ordinario el acto injusto en cuyo seno se ha producido, demostrando con ello que no es neutra y que está dispuesto a o reconocer sus errores o, mejor aún, que la injusticia concreta no es un error, una excepción al Sistema sino su producto natural. En términos deliberadamente enfáticos puede, por tanto, afirmarse que el Sistema que no depura por su propio impulso sus actos injustos es un Sistema injusto y que, si se trata de actos ilegales, pierde su pretendida legitimidad legal, puesto que el fruto venenoso procede de un árbol envenenado (p. 275)".
"Los ilustrados imaginaron -en contra de los informes de los viajeros y descubridores, hoy antropólogos- un < y, puestos a fantasear, se inventaron un pintoresco <<contrato social>> no menos falso. Los hechos, sin embargo, muy diferentes y más ciertos parecen estar quienes afirman la maldad natural del hombre y la iniquidad de las agrupaciones sociales (p. 286)".
"[...] la injusticia paga bien. A través de ella se alcanza dinero y poder.
Lo anterior explica que la injusticia no sea patrimonio exclusivo del Estado, sino que su verdadero reino esté en la sociedad. Si el hombre es perverso por naturaleza (recuérdese el mito cristiano del pecado original), obra injustamente siempre que tiene alguna posibilidad de hacerlo, algún poder sobre los demás. Las estructuras públicas son el instrumento ideal para la imposición del egoísmo, y por ello la injusticia opera habitualmente desde el Estado. Peron no faltan otros instrumentos adecuados. Allí donde hay poder, hay injusticia (p. 287)."
"Quienes defienden su derecho individual y al tiempo pretenden derribar el Sistema en que se ha producido la injusticia desean algo más que matar dos pájars de un tiro: no son simples oportunistas pragmáticos sin individuos convencidos de que las injusticias individuales son hijas del Sistema y que, por tanto, para eliminar aquéllas hay que empezar por éste. Y no les falta razón, porque la realidad es que el Sistema defiende de ordinario el acto injusto en cuyo seno se ha producido, demostrando con ello que no es neutra y que está dispuesto a o reconocer sus errores o, mejor aún, que la injusticia concreta no es un error, una excepción al Sistema sino su producto natural. En términos deliberadamente enfáticos puede, por tanto, afirmarse que el Sistema que no depura por su propio impulso sus actos injustos es un Sistema injusto y que, si se trata de actos ilegales, pierde su pretendida legitimidad legal, puesto que el fruto venenoso procede de un árbol envenenado (p. 275)".
"Los ilustrados imaginaron -en contra de los informes de los viajeros y descubridores, hoy antropólogos- un <
"[...] la injusticia paga bien. A través de ella se alcanza dinero y poder.
Lo anterior explica que la injusticia no sea patrimonio exclusivo del Estado, sino que su verdadero reino esté en la sociedad. Si el hombre es perverso por naturaleza (recuérdese el mito cristiano del pecado original), obra injustamente siempre que tiene alguna posibilidad de hacerlo, algún poder sobre los demás. Las estructuras públicas son el instrumento ideal para la imposición del egoísmo, y por ello la injusticia opera habitualmente desde el Estado. Peron no faltan otros instrumentos adecuados. Allí donde hay poder, hay injusticia (p. 287)."
Etiquetes de comentaris:
Alejandro Nieto,
antisistema,
balada,
contrato social,
derecho,
derechos,
dinero,
estado,
injusticia,
institución,
justicia,
ley,
poder,
sistema
dimecres, 16 de juliol del 2008
JUSTICIA: el paradigma de la especulación
A menudo oímos hablar del Pocero de Seseña como paradigma de la especulación, y esto no es del todo cierto; el Pocero de Seseña representa el paradigma de la corrupción, pero no el de la especulación. En Barcelona existe una promoción que constituye un ejemplo claro de lo que es la especulación inmobiliaria: ofrecer un producto a un precio sobredimensionado gracias a las expectativas de negocio futuro del mercado. Es el caso de la promoción Justicia, en el barrio de Porta Sóller de Nou Barris, en Barcelona.
La promoción se llama Justicia y la conforma un conjunto de viviendas (entorno a 70) de las cuales, más del 90% están vacías porque no se han vendido. Al promotor tanto le da si están vacías o no, sólo quiere sacarles el máximo beneficio vendiéndolas, por eso tampoco las alquila. Y además, al ser una promoción nueva, con acabados de lujo y bien comunicada, su valor no puede hacer más que aumentar con el paso del tiempo. Entonces, ¿por qué se llama "Justicia" una promoción especulativa con un alto valor antisocial? Esta pregunta es la más fácil de contestar: el promotor es el señor Justicia, un obrero del barrio que ha ganado mucho dinero construyendo y que vio el momento de adquirir un terreno y promover su propia construcción. El Sr. Justicia tiene cubiertas sus necesidades y el coste de la obra lo cubrió con sus ahorros, de tal manera que no tiene prisa por vender ni por poner los pisos a disposición de sus vecinos en régimen de alquiler o cualquier otro, por muy Injusta que sea esta situación. El típico caso del pelotazo obrero elevado a la máxima potencia (el pelotazo del proletariado se define por la compraventa de pisos, pero a pequeña escala).
Por tanto, esta promoción seguirá erguida y posiblemente vacía a menos que alguien lo remedie porque, para más INRI, esta promoción de semi-lujo está rodeada de muchas otras promociones construídas o en proceso de construcción que, posiblemente, tengan que rebajar precios para vender porque se trata de negocios corporativos.
De este modo doy por contestada la pregunta del "ilustre" director del master de gestión inmobiliaria de la Universidad de Barcelona, el dr. Bernardos. Él supone que la pregunta clave es la siguiente: ¿los promotores inmobiliarios prefieren arruinarse a rebajar los precios? Pues va a ser que no, que muchos de ellos no se han arruinado y no se arruinarán, de tal modo que pueden esperar al siguiente ciclo especulativo para colocar su mercancía que, paradójicamente, se identifica claramente con el objeto de nuestros deseos y derechos, las viviendas. El resto sufrirán los efectos de la rapiña, pero los que puedan aguantar el tirón se fortalecerán más. Incluso en el caso que tengan que rebajar márgenes vendiendo más barato, podrán ir al mercado que han destrozado a comprar más barato y seguir acumulando para cuando vuelvan las vacas gordas. Eso, claro está, siempre que nadie lo evite, y no me refiero únicamente a los políticos.
La promoción se llama Justicia y la conforma un conjunto de viviendas (entorno a 70) de las cuales, más del 90% están vacías porque no se han vendido. Al promotor tanto le da si están vacías o no, sólo quiere sacarles el máximo beneficio vendiéndolas, por eso tampoco las alquila. Y además, al ser una promoción nueva, con acabados de lujo y bien comunicada, su valor no puede hacer más que aumentar con el paso del tiempo. Entonces, ¿por qué se llama "Justicia" una promoción especulativa con un alto valor antisocial? Esta pregunta es la más fácil de contestar: el promotor es el señor Justicia, un obrero del barrio que ha ganado mucho dinero construyendo y que vio el momento de adquirir un terreno y promover su propia construcción. El Sr. Justicia tiene cubiertas sus necesidades y el coste de la obra lo cubrió con sus ahorros, de tal manera que no tiene prisa por vender ni por poner los pisos a disposición de sus vecinos en régimen de alquiler o cualquier otro, por muy Injusta que sea esta situación. El típico caso del pelotazo obrero elevado a la máxima potencia (el pelotazo del proletariado se define por la compraventa de pisos, pero a pequeña escala).
Por tanto, esta promoción seguirá erguida y posiblemente vacía a menos que alguien lo remedie porque, para más INRI, esta promoción de semi-lujo está rodeada de muchas otras promociones construídas o en proceso de construcción que, posiblemente, tengan que rebajar precios para vender porque se trata de negocios corporativos.
De este modo doy por contestada la pregunta del "ilustre" director del master de gestión inmobiliaria de la Universidad de Barcelona, el dr. Bernardos. Él supone que la pregunta clave es la siguiente: ¿los promotores inmobiliarios prefieren arruinarse a rebajar los precios? Pues va a ser que no, que muchos de ellos no se han arruinado y no se arruinarán, de tal modo que pueden esperar al siguiente ciclo especulativo para colocar su mercancía que, paradójicamente, se identifica claramente con el objeto de nuestros deseos y derechos, las viviendas. El resto sufrirán los efectos de la rapiña, pero los que puedan aguantar el tirón se fortalecerán más. Incluso en el caso que tengan que rebajar márgenes vendiendo más barato, podrán ir al mercado que han destrozado a comprar más barato y seguir acumulando para cuando vuelvan las vacas gordas. Eso, claro está, siempre que nadie lo evite, y no me refiero únicamente a los políticos.
Etiquetes de comentaris:
barcelona,
especulación,
justicia,
pocero,
porta-sóller,
seseña,
vivienda
Subscriure's a:
Missatges (Atom)
