dimarts, 13 de maig de 2008

¡Abajo las mayúsculas!

Si decimos "Él me iluminó" estamos haciendo referencia a una experiencia mística (a un engaño o una alucinación, vaya). Si decimos "él me iluminó" estamos contando que un tercero nos alumbra. ¿No es lo mismo verdad? Lo mismo sucede con "la Historia" y la historia; de hecho, en Chiapas, los niños no aprenden la Historia, sino que aprenden historias y, seguramente, no están tan adoctrinados como los demás niños del planeta y, por ende, les gusta lo que aprenden con el maestro y puede servirles de algo en el futuro. La enseñanza de la Historia da necesariamente una versión lineal y, por qué no decirlo, manipulada de aquello a lo que un profesor mía llamaba "una sucesión sucesiva de sucesos sucesivamente sucedidos". La Historia tiene vencedores y vencidos y nunca son los mismos dependiendo de quien la cuente. Una historia, en cambio, es otra cosa, ahí sí que podemos ahondar, buscarle causas y consecuencias y largos etcéteras, conjeturas, especulaciones con las que aprender incluso de nuestra mirada hacia ella.

En mi rama "pofesional" estudiamos el Derecho, un todo conjurado a ser un sistema cerrado (los positivistas así lo quieren) compuesto de normas (reglas y principios), costumbres y doctrina (jurisprudencial o académica). El derecho es todo lo contrario, lo no establecido, la oposición individual o de grupo a una determinada acción o la solicitud de una determinada acción por parte de la colectividad. Normalmente se dan muchas situaciones del tipo "el derecho contra el Derecho" en las que se contrasta el interés individual o de grupo con algo preestablecido. Hace años, mi inclinación hacia el derecho me ha ayudado a quitarme el corsé tan apretado que nos cosen durante la carrera, ese particular amor por una ciencia tremendamente exegética (análisis de las normas de derecho positivo, de las normas dictadas por el poder). Aviso para navegantes: yo no estudio el Derecho precisamente para mejorarlo, sino para mandarlo al ostracismo; el derecho es sólo un cincel con el que abrir o agrandar la brecha.

Del mismo modo, una institución es un hecho trascendente en la vida social, mientras que la Institución es un instrumento de dominación, una formalización de una posición privilegiada respecto de la sociedad. La Institución es pública (lo público, como la democracia representativa, no acaba siendo más que una entelequia al servicio de la clase dominante, que nunca es la mayoritaria), mientras que la institución es popular, pertenece al pueblo. Nada más que decir

En definitiva, la mayúscula no es más que la deformación y elevación a categoría de un objeto determinado o indeterminado. El que etiqueta un objeto singular y lo pasa a general, normalmente genera una distorsión ayudado por la mayúscula, ESA GRAN TIRANA del reino del lenguaje escrito (en lenguaje oral, necesita ser remarcada con un artículo enfatizando su sustantivo sobremanera, por ejemplo, diríamos LA mayúscula). ¡Abajo las mayúsculas!