dimarts, 30 de juny del 2009

Sentada por una vivenda digna domingo 5-Julio


Sentada por la Vivienda Digna!


Después de tres años desde las primeras sentadas, seguimos sin derecho a una vivienda.

Millones de viviendas vacías, decenas de miles de hipotecados a punto de acabar en la puta calle y los alquileres a precios inasequibles. La cosa no cambia y los políticos apoyan a los que han causado el problema (en el BMP ‘low cost’ lo comprobamos: http://www.youtube.com/watch?v=E65ogzY54O4). Para colmo los gobiernos financian a los bancos con el dinero de todos, hipotecando nuestro futuro!!!

Ni la vivienda ni el trabajo son mercancías para especular!

Si estas hart@ de buscar piso, si no encuentras alquiler, si te ahoga la hipoteca, si aún no puedes emanciparte… Ven a la sentada que montamos el 5 de Julio!

Buscaremos soluciones y haremos que se nos oiga!

Todo animado con bastante más que música, actividades y buen rollo!!

VEN Y PARTICIPA!

PÁSALO!!!

Videos convocant a la sentada
Preguntes i respostes : http://www.youtube.com/watch?v=oVP9lElYmEg
Que s’hipotequin els polítics : http://www.youtube.com/watch?v=xTPgfeEyItg

Vde VIVIENDA, Assemblea pel Dret a l’Habitatge
vdevivienda.bcn(a)gmail.com http://bcn.vdevivienda.net

dimarts, 9 de juny del 2009

Seguridad y protección

Seguridad. Palabra altisonante, sin duda. Seguro que usted, querido no-lector, ha temblado sólo de advertir que un chalado como el que escribe vaya a tratar este tema. Sí, da miedo ya. Sólo oir la palabra "seguridad" pensamos en gente cometiendo delitos menores (hurtos, robos con intimidación) o delitos grandes (asesinato, violencia) y la necesidad imperante (oh, sí) de la policía para protegernos, y de los ejércitos para liberar nuestra nación (oh, sí -sea cual sea) del enemigo exterior, deseoso siempre de subyugarnos en su paranoia.

Pues yo creía que la seguridad era otra cosa. Sí, cuando pienso en seguridad pienso en lo bien que viviríamos si todo el mundo pudiera ocupar el tiempo a su libre arbitrio, no sólo para cubrir sus necesidades, sino para cubrir sus deseos. ¿Cómo sería usted más seguro? Pues seguramente, usted viviría más seguro si todo el mundo tuviera cubiertas las necesidades básicas (techo, lumbre y alimento), y no llegara nunca a la desesperación. Desgraciadamente no es así, y las carencias de todo tipo suelen explotar ante nuestra indiferencia hacia el germen de la inseguridad. Y nosotros podemos hacer algo más que confiar en la policía o en el gobierno, puesto que nunca estarán donde se les necesita (ellos están por otras cosas, los unos por cobrar su sueldo cada mes para pagar la hipoteca, los otros por ganarse el prestigio que les dará un empleo ridículo pero escandalosamente pagado cuando dejen el cargo).

No necesitamos la protección de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (ni siquiera el Estado, proclamaría yo). Necesitamos seguridad en la satisfacción de nuestras necesidades de cobijo y sustento.

dimecres, 3 de juny del 2009

Això ara seria impensable

"Això ara seria impensable". Aquesta és una frase que està molt de moda darrerament. Normalment es fa servir per dir que la televisió d'avui dia és molt més políticament correcta que la del passat. Jo crec que a aquest fet sempre se li ha dit censura; avui dia tenen molts arguments perquè aquesta censura sigui acceptada (interés del menor, dignitat de les persones, dret d'imatge, ...). Els anys 80 la televisió era molt més crua (aquesta reflexió ve al fil d'un programa de televisió en que es parlava dels quinquis dels 80 i es deia que la televisió i el cinema eren culpables de la delinqüència perquè mitificava els quinquis!!!!). Quina perversió!!! El que succeïa, de fet, és que els periodistes d'aquell moment seguien un codi ètic que els deia que havien de reflexar fidelment la realitat social, doncs aquesta és la seva funció. Moltes coses s'han perdut pel camí. Hi ha problemes que semblen no existir només perquè la televisió no ho passa: el problema és que el problema segueix existint i ningú no el perceb com a problema. Hem passat d'una televisió que mostrava una realitat en tota la seva cruesa a una televisió infantilitzada i subtilment manipulada. No estic demanant programes de succesos ni l'escarni del petit delinqüent, sinó de fer una televisió més humana, perquè amb tota la desgràcia que els anys 80 existia, els periodistes feien l'excercici de donar-la amb criteris professionals; periodísticament parlant, la informació era bona.

Què ens ha passat perquè haguem perdut aquest valor de l'objectivitat d'una manera tan brutal i tan desaparcebuda? Segurament en Chomsky ens donaria moltes pistes, però el cert és que aquí i ara tenim un problema social afegit: la comunicació és de pèssima qualitat. És a dir, tenim un problema amb l'expositor dels problemes. Quan la comunicació es converteix en problema social, em venen ganes de cridar: Houston, tenim un MARRÓN!!!.

dimarts, 26 de maig del 2009

La veritat definitiva sobre el futbol i la política

Demà es jugarà la final entre Barça i Manxester, fet que centrarà l'atenció de tota Catalunya. Molts diem que és l'opi de poble, però què hi ha al darrere d'aquesta situació?. El fanatisme s'expressa com a forma de reconeixement a unes persones que executen la seva feina amb perfecció, no només tècnica, sinó també ètica (cada cop s'exigeix més comportament ètic als esportistes). Els polítics tracten d'aprofitar-se'n perquè pensen que desvia l'atenció respecte de la seva anòmala actuació. Però no n'haurien d'estar tan tranquils, el fútbol és indicatiu de que les persones necessiten trobar algo què admirar i no són precissament ells. És més, com més gran és l'afició pel futbol, més gran és el menyspreu cap els polítics. El dia que tots els fanàtics es cansin de la seva classe política no n'hi haurà prou amb un triplet per calmar la ràbia que, durant el temps de sedació s'haurà acumulat. En relació a la combinació futbol-política, sí que hi ha un menyspreu més gran que la simple indiferència, i és la sobrevaloració de l'altre.

dissabte, 18 d’abril del 2009

Selecció / Selección

Selecció
Vaig estar en un concert molt punkie. Una de les cançons es deia "selecció" (tot i que no n'estic molt segur ni d'això ni del que explico a continuació, doncs la veu no es sentia molt bé, de tal manera que pot ser producte de la meva sòrdida imaginació) i només es cantava "selecció" i després una frase que deia algo així com que el seu propi significat ja és terrorífic. Penseu-hi, aquesta paraula, ja pel seu propi significat, fa por, molta por, i dóna fe del costat més xungo de l'ésser humà. Després penseu què passa si li posem adjectius:
-Selecció nacionals
-Selecció natural
-Selecció genètica
...

Com més hi penses, més por fa!

Selección

Estuve en un concierto muy punkie. Una de las canciones se llamaba "Selección" (aunque no estoy muy seguro ni de esto ni de lo que viene a continuación, puesto que la voz no se oía muy bien, de tal modo que todo puede ser producto de mi sórdida imaginación) y tansolo se cantaba "selección" y después una frase más que decía algo así como que su propio signficado ya era terrorífico. Pensadlo, esta palabra, ya por su propio significado, da miedo, mucho miedo, y da fe del lado más chungo del ser humano. Después pensad en lo que pasa si le ponemos adjetivos:
-Selección nacional
-Selección natural
-Selección genética

¡Cuanto más piensas, más miedo da!

dimecres, 26 de novembre del 2008

Utopía y justicia

Si un día escribiera un libro, este sería un esbozo

La Utopía y la justicia

La utopía es un objetivo que la humanidad ha creado en su imaginario, seguramente porque, contrariamente a la organización estatal, constituya el máximo de los ideales y su destino, digamos, natural. El ser humano, como animal que piensa y es capaz de realizar sus pensamientos, tiende a autoprotegerse de forma individual -aportando soluciones frente a los desastres exógenos a la sociedad como las catàstrofes naturales o, sin ir más allá, de las adversidades climáticas- o de forma colectiva -protegiendo al más débil para conseguir la supervivencia de la propia especie y su bienestar. El declive de la sociedad moderna y su continuidad durante el siglo XX se basan en el hecho de que para mejorar el bienestar, el hombre moderno ha roto la relación con el entorno natural del que forma parte y que le permite la supervivencia, tratándose de un peligro para la supervivencia de las generaciones futuras e incluso de las presentes. El concepto de utopía nos remite a un mundo ideal cuyo orden no es establecido, sino procedente de la espontaneidad, del caos –que no tiene nada que ver con la violencia- construido desde la individualidad hacia la colectividad, en el que la convivencia entre los miembros de la misma especie y su entorno natural es fruto de una harmónica relación en la que no existe el abuso. En la utopía no es necesario que nadie diga lo que es bueno o malo para el conjunto de la sociedad, es una sociedad justa porque está compuesta de personas justas que obran por su voluntad y conforman su voluntad con la previa asunción de la voluntad y libertad del resto de seres. Sin embargo, no vivimos en utopía, son muchos los elementos que nos separan de la utopía y a continuación intentaremos trazar algunos de los elementos que nos separan del fantástico ideal; tal vez sirvan para aproximarse a ella o alcanzarla.

1. El germen de la injusticia

La injusticia se produce cuando se rompe la harmonía en la relación entre el ser humano y su entorno, del que forman parte otros seres humanos en un proceso simple: se trata de un proceso en el que un individuo pretende conseguir un aumento –innecesario, por otra parte- de su bienestar a costa de su entorno para lo cual utiliza la fuerza física directa o indirectamente –normalmente gracias a la persuasión de otros seres humanos que se beneficiarán de ello aumentando también su bienestar-; de esta forma se produce un abuso del entorno para el provecho propio y privativo con el resultado de un uso ineficiente del entorno.

Este proceso, destinado a autoliberarse, mediante el abuso, de las tareas de supervivencia básicas, se puede dar en todas las sociedades y de hecho se ha dado repetidamente, con una cadena de relaciones prácticamente insondable que ha involucrado a seres humanos de todos los tiempos. Ninguna sociedad se ha librado e incluso algunas generan sus propios instrumentos de búsqueda de poder de formas culturales y religiosas, puesto que les autolegitima frente a otros seres humanos o frente a otras especies.

El punto más importante de este proceso se sitúa en la colaboración. Ningún ser humano puede abusar de su entorno de una forma tan intensa que impida al resto su disfrute y, de intentarlo, el resto acabarían por detenerle. Para hacerlo, el hombre que pretende el abuso necesita aliarse con otros seres humanos que lo pretendan o pedir su colaboración a cambio de recompensa. La capacidad de movilización del abusador acaba por ser tan grande que el abusado lo tolera e incluso lo acaba justificando, puesto que de la injusticia puede aprovecharse cualquiera y obtener bienestar a bajo coste, siempre que se someta a los designios de otro abusador o abusadores.

2. La plasmación de la injusticia en las leyes, la jurisprudencia y la ciencia jurídica: la democracia como la peor de las soluciones

La consolidación de esferas de poder sobre otros individuos, como relación de abuso del entorno, se ha acompañado siempre de una plasmación duradera en algún tipo de soporte, que suele tener por efecto, tanto extender su conocimiento como aportar un elemento de validez: eso es el Derecho. Durante mucho tiempo, se ha dejado el aspecto relativo a la legitimación (su justificación) a elementos esotéricos, de entre ellos los más relevantes han sido los dioses y, en sociedades en las que se ha superado o en la que no dan un caràcter civil a la religión, una idea abstracta de comunidad cuyos designios son establecidos mediante mecanismos más o menos democráticos.

Pero no se olvide nunca, el único objeto de una norma –sea ley o contrato- es el de establecer obligaciones o prohibiciones de caràcter absoluto (hasta incluso los elementos de ponderación lo son). El caràcter absoluto de las normas, sin embargo, no se cohonesta bien con el caràcter animal de la especie humana. Nada es blanco o negro en la sociedad de los seres humanos. Han sido los jueces y los científicos del Derecho los que han intentado trazar líneas de discontinuidad con el caràcter cerrado de las normas, a veces con acierto a veces con efectos desastrosos. Sin embargo, el poder que han tenido unos y otros es idéntico al poder del sujeto que elabora y aprueba una norma. Establece una solución que normalmente también reviste caràcter absoluto a una complejidad. No hay que decir que el gran poder que el poder superior le ofrece a una instancia judicial es un caramelito del que no dudan en apoderarse los que pretendan abusar del entorno.

El papel que juegan los científicos es mucho más sutil, pero igualmente aterrador. Mediante sus estudios legitiman o deslegitiman al poder a su gusto, permitiendo una u otra forma de abuso y, en muchas ocasiones, esperan una recompensa por parte del abusador.

En cualquier caso, todas las instancias de una democracia –aunque funcione de forma completamente racional- no pueden satisfacer la diversidad de la vida humana. En una república soviética, la misma idea de democracia puede dar lugar a abusos, ya procedan de un solo individuo o del conjunto de la “comunidad”. Es jocoso para muchos desvelar el trato que griegos y romanos dispensaban al conjunto de la población, puesto que de acuerdo con las ideas y normas de la república, los esclavos no eran seres humanos. Esto es, el Derecho se reservaba incluso una capacidad que, hoy día, reconocemos como una de las funciones de la biología. No hay que ir más lejos para constatar que, en la actualidad, las sociedades humanas abusan, en su conjunto de su entorno natural, vegetal, animal o mineral, sin que nos tiemble el pulso a la hora de maltratar el entorno incluso sin una finalidad ligada a la necesidad, de forma que tomamos por válido el asesinato de animales por motivos de ocio.

Y para acabarlo de remetar, la democracia instituye siempre un sistema de represión puesto que el disidente es siempre un enemigo de la comunidad y sobre él se hacen recaer un sinfin de desgracias en caso de actuar conforme a su pensamiento, diferente al normativo.
[continuará...]


3. La injusticia como producto de la sociedad

4. La desaparición del dinero y la economía de la libertad

5. El principio de la libertad

6. Lucha social y realización de la justicia

dimecres, 12 de novembre del 2008

Yo no tengo moral, tengo cultura

Soy de pueblo y tengo una cultura de pueblo. Aunque me he criado en la ciudad, me he ido desprendiendo, con tiempo y esfuerzo, me he ido desprendiendo de todas aquellas anormalidades que la vida en vertical ha trazado en nosotros. Antes, cuando no existían medios materiales y la mayoría de las casa seran bajas, las gentes salíamos a la calle con normalidad a charlar, sacando nuestra silla a la calle, comiendo y bebiendo en la calle. Hoy día, estas actividades se consideran contrarias a la convivencia. Es una soberana estupidez de la que sólo puede ser artífice el precedente del régimen orwelliano, aunque el color de su collar sea el más bonito del mundo. La vida en aislamiento que nos impone la arquitectura urbana no hace más que originar problemas de convivencia, puesto que no se comparte, no se conversa, no se intercambian opiniones y, en definitiva, no se puede entender la sociedad tal y como es.

El modelo de moral, primero impuesto por la religión y, ahora, por los poderes públicos al ritmo del adagio “orden público” traza una línea de positivismo (en el sentido filosófico-normativo) en nuestras vidas diciéndonos lo que podemos hacer y lo que no podemos hacer, aunque vaya en contra de nuestra propia naturaleza y origine, ipso facto, distorsiones evidentes en nuestra forma de pensar y comportarnos. El orden impuesto no es viable porque niega nuestra parte animal, la racionalidad absoluta, además de constituir un imposible, no nos llevarà a la utopía, puesto que el ser humano es animal y el animal también forma parte de nuestras decisiones... y el animal, como animal que es, se equivoca, mucho y frecuentemente de forma grave.

Una concepción más cercana a nuestra naturaleza humana y animal es la de comprender las cosas, incluso los conflictos, como elementos intrínsecos de la cultura humana que se genera en la sociabilidad (renunciamos a la soledad para obtener mayores beneficios), en el devenir de las cosas. El refranero popular da bastantes ejemplos que se reiteran una y otra vez y que las leyes no pueden cambiar: la primera norma sociológica del derecho es la de “hecha la ley, hecha la trampa”. Los que nos hemos criado de la mano de una generación criada en el pueblo y que crecimos antes de que el cosmopolitismo se apoderara de nuestro presente, incluso en medio de la transición, bien sabemos que las normas no pueden parar la avaricia humana, y todo lo que conforma nuestra naturaleza humana (50% razón, 50% instinto), y que sólo el aprendizaje colectivo de las situaciones que nos envuelven pueden salvarnos de esos pequeños sinsabores que nos da la vida, que sólo con el conocimiento podemos aprender a dominar los impulsos que hacen la vida más insufrible y a asumir el instinto con cautela pero sin ceguera, sin prisa pero sin calma. Por estos motivos yo no tengo moral, tengo cultura