A título preliminar quiero encuadrar este discurso y su contexto. Soy profesor de Derecho constitucional en una escuela privada (la asignatura este año se denomina Instituciones del Estado). Por lo general mi explicacion tiene otro inicio y otro contenido. Este curso, y para sortear la dificultad que entraña impartir una asignatura de modo colaborativo como suelo hacer en el contexto del conflicto Catalunya-España, he decidido pronunciar un discurso. Tiene un objetivo oculto y tres ideas clave. El que las busque será afortunado.
Un Estado es, en un sentido convencional y formalmente aceptado, un sujeto de derecho internacional, que goza del reconocimiento de la sociedad internacional mediante el cual una sociedad (o un grupo que ha tomado el poder mediante el terror o la aquiescencia de esa sociedad) se organiza e instituye órganos y organizaciones que imponen una forma de gobierno a través de la coerción en un sentido amplio, en condiciones de monopolio o exclusividad.
Pero, ¿cómo llega una sociedad a constituirse en Estado, por qué lo hace y cuándo deja de serlo o simplemente no lo es? De otro modo, y en el contexto actual podríamos preguntarnos bajo qué premisas un Estado constitucional nace de la toma y ejercicio del poder para iniciar un proceso constituyente o, de lo contrario, por qué una organización mafiosa o económica no puede adquirir esa condición, más alla del rec onocimiento externo, diría Santi Romano. Más allá, existen situaciones en las que el Estado se ausenta, se disgrega, se diluye o simplemente, se crea ex novo. Estas son las cuestiones más relevantes para iniciar el estudio de una realidad que supera, en mucho, la definición clásica del Estado.
En la Oratio Pro Milone, Cicerón justifica el asesinato mediante la siguiente afirmación: "En efecto, existe, jueces, una Ley no escrita sino innata, que no hemos aprendido sino heredado; que no hemos leído sino aprehendido de la naturaleza; una Ley para la cual no hemos sido educados, sino de la que estamos hechos; y para la cual no hemos sido educados sino impregnados". Este fragmento fue incluído en la carátula del LP La ley innata, de Extremoduro. Pues bien, existe una conexión innata entre sentimientos y acciones, como existe una conexión innata entre las personas; de ese modo lo definía Aristóteles con su "animal social". El sentido de pertenencia a un lugar o a una sociedad también conlleva la realización de acciones en pro de una entidad colectiva. Así, también conectamos ideas, de forma natural, y conectamos identidades entre sí, y organizaciones con identidades y con personas. Realizamos, las personas, asociaciones que nutren nuestros objetivos y trazamos caminos individuales como colectivos, por acción o por omisión.
Pues así como conectamos objetos, ideas, sentimientos e identidades, también unimos los territorios, compartimos y distribuimos recursos, nos maridamos y nos volvimos interdependientes. Se teje, en definitiva no solamente una población en un territorio, más o menos extenso, lejano o distante, sino también se establecen relaciones de vecindad, de cooperación y de conflicto. El cortejo continuo entre el afecto y el disenso nos reafirma o nos separa, puede establecer las líneas que existen entre el 'yo', el 'nosotros' y el 'ellos'. El conflicto es el caldo de cultivo en el que nacen viven o mueren los Estados. En el Estado confiamos la resolución de los conflictos que no resolvemos por nosotros mismos, y configuramos instituciones para que vigilen al vecino, a costa de que nos vigilen a nosotros. Sobre el peso de la sombra de ese monstruo del Leviatán, patrón de los abusos, reposa nuestra comodidad, el alivio de la responsabilidad. Confinamos la búsqueda del bienestar a la audacia y la moral de nuestros gobernantes. En ocasiones, evaluamos los resultados y decidimos seguir instalados en la comodidad, o desvelar ese carácter fraudulento y emprender acciones para reanudar la búsqueda del bienestar, del verdadero. Y a veces, sólo a veces, buscamos e intentamos apresar al Leviatán para apartarlo del camino. En la mayoría de ocasiones, seguimos caminando sin brújula, desconocedores del destino que nos aguarda más allá del horizonte, siguiendo a alguien que dice tener claro el itinerario y los obstáculos que nos pueden sorprender.
Es Estado, decimos, es el 'nosotros'. Un 'nosotros' que se transfigura en el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, en los símbolos y en las costumbres, porque con todo esto, también pretendemos asegurar la continuidad, la suprevivencia de nuestro legado y su proyección en el futuro. Así justificamos, o eso creemos con más o menos fervor, un sistema de sistemas, incrementalmente complejo. El 'yo', según sostenemos, vive del 'nosotros', su pretendido protector y potencial enemigo. Y el 'nosotros': ¿también bebe el nosotros del 'ellos'? ¿Quiénes son los otros? ¿Quiénes nos creemos nosotros para decir quiénes son los otros? El sistema tiene mecanismos de cierre, desde la definición de ciudadanía hasta la existencia formal o la necesidad perpétua de forzar el cambio de nuestra organización. Resulta imperioso reconocer que tan innato como la legítima defensa, por el individuo, o por el pueblo en su conjunto, también se conoce -aunque no sea reconocido como tal- el 'nosotros' como el depositario de la infatigable búsqueda del porvenir, también innata.
La forma de conectar nuestras ideas con la materia que nos envuelve, el afán por encontrar formas especializadas de garantizar la supervisión de nuestras actividades, y la peculiar debilidad por la búsqueda del bienestar no sólo justifican la vida en común, creando o destruyendo dispositivos. Cuando nos organizamos, gracias a unos u otros mecanismos de afecto o de resolución de conflictos, estamos llamados a un ejercicio menos liviano. Destinamos intelecto y recursos a proyectar el futuro, encargándole a toda tarea de reconocimiento del valor una lucha entre dinamismo e intercia o control de la velocidad. Cuando proyectamos, miramos al pasado, diseccionamos la impronta que marcó en nuestro presente y finalmente tomamos o desechamos alternativas con la mirada puesta en un tiempo incierto. Lo desconocido se convierte, en este momento, parte del Nosotros. Aplicándole una pequeña dosis de religiosidad, apelaríamos a la esperanza para realizar tal ejercicio. Acomódese aquí una advertencia. Todo lo que aquí reseñamos puede leerse en sentido contrario, pues si no hay supervisión, aunque haya instituciones, no hay Estado, y si no proyectamos, hablamos de una sociedad muerta, y si no existe un vínculo que conecte territorios, si no hay interdependencia y no hay ni estima ni conflicto, tampoco nos encontramos ante un Estado, acaso ante organizaciones para estatales, mafiosas o benéficas, que no acceden a los anhelos de futuro con la sociedad.
¿Finalmente, qué espacio tienen, debemos interrogarnos, la ética o la moral o la estética en el naciiento, la vida o la muerte de los Estados? ¿NINGUNA! Vivimos sumergidos en lo tangible, lo inmediato, la crudeza del aprovisionamiento. Incluso el amor constituye un enemigo de la ética, pues ansia el poder, la necesidad de creernos mejores, la vacuidad y la codicia, que son los motores del 'yo' y, habitualmente, de las asociaciones de los 'yo'. Sin embargo, para triunfar, la vanidad, la codicia y la maldad deben vencer una resistencia innata, y esa resistencia innata, cuando aparece, la llamamos 'nosotros', y es en ese territorio donde jugamos a establecer los valores y los sentimientos que unidos a las personas, los objetos, los caminos y las proyecciones, que conforman una sociedad. Y la sociedad, si quiera constituirse en Estado, que lo haga, y si quiere ser una asociación de intereses mutuos y aglutinados, que lo haga, y si quiere superar esa concepción y lo consigue, es posible que no sea un Estado, pero puede llegar a ser algo más importante, porque entonces dejaría de tener sentido acomodarse a una definición que, no dudemos en afirmarlo y proclamarlo, por muchos parches que le endosen, obsolece a cada paso que damos hacia delante.
Podéis creer en un modelo u otro, podéis discutir si el objeto del Estado debe ser éste o aquél, podéis conjeturar sobre la validez del patrón que usaremos para estudiarlo, podéis calcular si existe una medida óptima o pésima, si es mejor o peor la competencia o la cooperación, podéis odiarlo o amarlo. Topdas estas cosas podréis, sin embargo, bajo una sola condición: si entendéis que formar parte de algo, sea un Estado, un grupo, una sociedad o cualquier otra cosa, desde la nimiedad y la importancia de ese mínimo pocentaje de pertenencia podéis intervenir primero, conociéndolo después, y por último actuando. Preguntaos: ¿quiénes creemos que somos 'nosotros'? y, si fuéramos 'ellos' ¿en qué modo y en qué condiciones arbitraríamos esa distancia? El 'nosotros' y el 'ellos' podrían no tener sentido más allá de un divertido inicio de juego, como mirarse el ombligo y ver tansolo un extraño instrumento musical para el que no sirven las palabras, sólo el lenguaje del ritmo. Jueguen, rían, lloren, amen u odien, mas no lo hagan sin ser conscientes de lo que están haciendo.
dimecres, 25 d’octubre del 2017
dissabte, 25 d’abril del 2015
Lo accesorio, lo tangencial y lo nuclear en un cambio político
Nos encontramos en un momento singular. La incerteza política se vive en un claro-oscuro entre el cómo, el quién y el para qué. Me he visto seducido por este artículo de @lajele y el eletri aka @eleptric por una cuestión que me preocupa últimamente y que no dejo de mostrar en las clases de Ciencia Política que unos desalmados me han confiado. No quiero dar la tabarra a mis follogüers ni a mis esforzados estudiantes, así que he elegido este lugar, casi inhabitado para sacarlo ya: "Sácalo, Carlos, sácalo". Mi modesta aportación se reduce a que no se trata de asaltar las instituciones o averiguar cómo lo hacemos. La pregunta es "para qué?". Me he decidido a ser asertivo y justo en mi propuesta, para rendir homenaje al esfuerzo de muchos que están pensando en cómo encauzar este momento.
Ayer me encontré en una cena que celebramos cada año con unos amigos de la infancia, que nos reunimos cada año en conmemoración de un acto deportivo. Esto no viene a cuento, aunque fuera muy emotivo. Allí me encontré de golpe con un viejo amigo, hoy militar (sólo hay un colectivo que odie más que la policía y es el militar), y me preguntó qué creía sobre el momento político actual. Después de divagar un rato concluí diciendo: "la gente está buscando los espacios intermedios, está desorientada y quiere que este sistema funcione bien, no se arriesgará a un cambio radical, aunque quiere un cambio. He ahí la clave del éxito de Ciudadanos y Podemos".
Desde luego, el post 15-M está resultando embarazoso, alumbró esperanzas pero a veces parecen haberse convertido en meras ilusiones. No sabemos si vamos a parir algo nuevo, pero está claro que no vamos a dar un salto mortal, el personal no está para circos, la prueba de ello es que estamos teniéndolo como para indigestarnos. En la memoria colectiva está muy presente el precio que se acabó pagando por el ansia de algo nuevo que hizo triunfar al nazismo y huye de todo lo que pueda identificar con "extremos". En mi opinión se está buscando un refinamiento de la ética política y no sólo de la estética, se quiere algo más emocionalmente satisfactorio. Las ilusiones políticas están bien pero actualmente nos encontramos en el desierto y los oasis suelen aparecerse en forma de espejismos.
Volvamos al principio de la historia. El cambio que supuso la aparición de Sócrates en su sociedad, algo así como un maestro Yoda gallego-preguntón, fue la búsqueda de la universalidad. Con la instauración de la democracia y el asamblearismo se produjo una burbuja de oradores pijos tipo Albert Rivera que sabían hablar muy bien pero pensaban sólo cuando hablaban. Todas las personas lo hacemos, vamos elaborando nuestro discurso a medida que lo expresamos, con todos sus errores, que iremos advirtiendo más tarde. A ver, pido perdón, lo del falangito va por otro lado, se llama demagogia, pero sus errores de argumentación son frecuentes en toda la población (si queréis un buen compendio, buscad el libro "Las claves de la argumentación", de Anthony Weston, y si le dais a la droga dura, el caballo de la filosofía jurídica, La teoría de la argumentación" de Alexy os dejará como al protagonista de la película "Pi"). El caso es que el salto que dió Sócrates, no fue buscar la Justicia, la Verdad o la Igualdad, sino la Justicia verdadera para todas, la Verdad que haga justicia a todas y a Todas en verdadera justicia. Buscaba un absoluto constantemente, tan etéreo como para no resultar obcecación y tan preciso como fuera necesario para dar respuestas en todo momento a cualquier situación. Después, la universalidad se perdió durante muchos siglos. Las revolucionarias francesas del siglo XVIII se inventaron los derechos universales. La clavaron. Las revolucionarias francesas del siglo XX se inventaron la insurrección permanente. La clavaron. ¿Qué vamos a inventar nosotras? Esa es mi crítica a todas nosotras. ¿Qué le ofrecemos a nuestra audiencia, además de esperanza?
En medio de una gran crisis y la búsqueda de una solución, estamos hablando de cómo comunicar. Y yo me pregunto, ¿no lo tendríamos un poco más claro si supiéramos qué queremos comunicar, qué debemos proponer, qué queremos inventarnos? Con ánimo de proyectar diré: la conquista de la hegemonía de la socialdemocracia en los años 70 sobrevino tras el mayo del 68. Esa peñita lo flipaba con discursos anticarcelarios y muy basculados con la psicología, la sociología, la física y la química; sobre todo la química. El derecho y la política cedieron terreno frente a la medicina, la psicología, la ciencia... Fukushima, el acelerador de hadrones y los Trabajos en Beneficio de la Comunidad, las Medidas de Seguridad o las penas sustitutivas de la prisión; son resultados dispares, pero fruto de un mismo fenómeno. Se dio protagonismo y, lo más importante, confianza, a las nuevas disciplinas y al ejército conformado por los hijos de los obreros que habían pasado por la Universidad donde habían aprendido tenían técnicas y conocimientos útiles para la sociedad, para sacarla del medievo y la farsa de la revolución industrial. Nosotras seguimos generando discurso (y acción) antisexista, antiracista, anticapitalista, etcétera, pero ¿realmente generamos algo que resulte útil al conjunto de la sociedad?. Al menos, ¿somos capaces de preguntárnoslo y responderlo con humiladad?. La respuesta es que sí, aunque nadie se dé cuenta (y casi que mejor). Esta aquiescencia inconsciente se debe al hecho de que el discurso genera compromisos, y eso ya nos gusta menos. Ahí es donde perdemos la universalidad, otra vez, y nos exponemos al mejor orador o retórico que nos masque el discurso y lo convierta en una Ley que, cuando queramos, nos saltaremos a la torera.
La ciencia ha avanzado mucho y, en cambio, a nivel político estamos estancados. Si lo habéis pensado alguna vez o lo habéis oido, poned atención, no es una vía de escape a la distopía fordista. La gente lo cree, está convencida de que estábamos cerca de ir a mejor, y no se resigna a seguir machacando el planeta o a matarnos unas contra otras; otra cosa es asumir el estancamiento como algo propio o ajeno, pues a nadie le interesa saber a qué debemos exponernos, a qué debemos ponerle ganas universalistas. Teníamos el software y nos faltaba el hardware. Yo acostumbraba a decir que antes querían hacer la revolución pero no tenían medios, y nuestra generación tiene medios y se le ha olvidado que siempre hay una revolución pendiente.
Y ahí estamos, el progreso es tangencial para nuestra generación, queremos ir a mejor, aunque sea un poquito; lo nuclear, que es la revolución, le da miedo; y ponemos nuestras esperanzas en lo accesorio -la comunicación.
Me impactó mucho la lectura de Agamben sobre los dispositivos, y lo repito a menudo. El concepto clave es la profanación. Lo sagrado debe asaltarse, empezando por las instituciones y siguiendo por el sistema económico. Sin embargo, me parece más urgente buscar una ética que nos permita no tener que hacerlo o que lo relegue a un segundo plano (limitado a echar a la banda criminal que hoy día ocupa las instituciones). Me explico. El compromiso individual con lo colectivo está totalmente descuidado. Nadie es capaz de decirnos que para ser totalmente libres debemos ser totalmente responsables, es un discurso que se advierte poco amable. Es necesario, sin embargo, y urgente.
Para mí la palabra "autogestión" define con pulcritud el cambio en lo económico y lo político al que deberíamos estar aspirando, pero hay que explicarla y convertirla en un presupuesto del quehacer cotidiano. Dejar de echar la culpa a los malos malísimos que, por su puesto, juzgaremos y condenaremos a hacer Trabajos en Beneficio de la Comunidad.
Transmitir eso no se hace con una campaña de comunicación, con un "entre totes", se necesita un fondo filosófico con el que impregnar las dudas ajenas, y empezar a molestar a la gente para darle el presupuesto de lo que va a costar llegar a buen puerto. No hablo de impuestos, sino de esfuerzos que, colectivamente e individualmente, vamos a tener que asumir. Que vamos a emprender una guerra contra nosotras mismas, y que la vamos a ganar, porque la alternativa es la autodesintegración. Y lo más importante, decir que otras lo intentaron y se equivocaron, y que estamos dispuestas a equivocarnos, aunque en otros errores. Tenemos que darle vida a la calle y darnos un propósito que no necesariamente pase por la urna. La gente que nos quiere llevar a las urnas lleva toda la vida haciendo esto que os digo, pero llegaron tan agotadas al 15-M, ya quiere otra cosa, otra velocidad, trascender a la facticidad, alcanzar el poder para llevar todas esas palabras, que nuestro entorno nos aplaude ecuánime y unánimemente, a la realidad, con gestión y todas esas cosas burocráticas. Eso se puede hacer; el problema es que si nadie lo asume como propio ni nos jalona continuamente, caduca. Los griegos se han seguido manifestando después de las elecciones, continuamente. Es sintomático, nos está diciendo algo, tan borroso como trascendenta. La utopía no caduca, a la utopía se la riega cada día o se aleja. Pero hay que ir a buscar el agua al río, mojarse y volver caminando sin derramar el agua. La ética es un valor extremo, hay que ser talibán si se la ama.
Menuda mierda de post.
Ayer me encontré en una cena que celebramos cada año con unos amigos de la infancia, que nos reunimos cada año en conmemoración de un acto deportivo. Esto no viene a cuento, aunque fuera muy emotivo. Allí me encontré de golpe con un viejo amigo, hoy militar (sólo hay un colectivo que odie más que la policía y es el militar), y me preguntó qué creía sobre el momento político actual. Después de divagar un rato concluí diciendo: "la gente está buscando los espacios intermedios, está desorientada y quiere que este sistema funcione bien, no se arriesgará a un cambio radical, aunque quiere un cambio. He ahí la clave del éxito de Ciudadanos y Podemos".
Desde luego, el post 15-M está resultando embarazoso, alumbró esperanzas pero a veces parecen haberse convertido en meras ilusiones. No sabemos si vamos a parir algo nuevo, pero está claro que no vamos a dar un salto mortal, el personal no está para circos, la prueba de ello es que estamos teniéndolo como para indigestarnos. En la memoria colectiva está muy presente el precio que se acabó pagando por el ansia de algo nuevo que hizo triunfar al nazismo y huye de todo lo que pueda identificar con "extremos". En mi opinión se está buscando un refinamiento de la ética política y no sólo de la estética, se quiere algo más emocionalmente satisfactorio. Las ilusiones políticas están bien pero actualmente nos encontramos en el desierto y los oasis suelen aparecerse en forma de espejismos.
Volvamos al principio de la historia. El cambio que supuso la aparición de Sócrates en su sociedad, algo así como un maestro Yoda gallego-preguntón, fue la búsqueda de la universalidad. Con la instauración de la democracia y el asamblearismo se produjo una burbuja de oradores pijos tipo Albert Rivera que sabían hablar muy bien pero pensaban sólo cuando hablaban. Todas las personas lo hacemos, vamos elaborando nuestro discurso a medida que lo expresamos, con todos sus errores, que iremos advirtiendo más tarde. A ver, pido perdón, lo del falangito va por otro lado, se llama demagogia, pero sus errores de argumentación son frecuentes en toda la población (si queréis un buen compendio, buscad el libro "Las claves de la argumentación", de Anthony Weston, y si le dais a la droga dura, el caballo de la filosofía jurídica, La teoría de la argumentación" de Alexy os dejará como al protagonista de la película "Pi"). El caso es que el salto que dió Sócrates, no fue buscar la Justicia, la Verdad o la Igualdad, sino la Justicia verdadera para todas, la Verdad que haga justicia a todas y a Todas en verdadera justicia. Buscaba un absoluto constantemente, tan etéreo como para no resultar obcecación y tan preciso como fuera necesario para dar respuestas en todo momento a cualquier situación. Después, la universalidad se perdió durante muchos siglos. Las revolucionarias francesas del siglo XVIII se inventaron los derechos universales. La clavaron. Las revolucionarias francesas del siglo XX se inventaron la insurrección permanente. La clavaron. ¿Qué vamos a inventar nosotras? Esa es mi crítica a todas nosotras. ¿Qué le ofrecemos a nuestra audiencia, además de esperanza?
En medio de una gran crisis y la búsqueda de una solución, estamos hablando de cómo comunicar. Y yo me pregunto, ¿no lo tendríamos un poco más claro si supiéramos qué queremos comunicar, qué debemos proponer, qué queremos inventarnos? Con ánimo de proyectar diré: la conquista de la hegemonía de la socialdemocracia en los años 70 sobrevino tras el mayo del 68. Esa peñita lo flipaba con discursos anticarcelarios y muy basculados con la psicología, la sociología, la física y la química; sobre todo la química. El derecho y la política cedieron terreno frente a la medicina, la psicología, la ciencia... Fukushima, el acelerador de hadrones y los Trabajos en Beneficio de la Comunidad, las Medidas de Seguridad o las penas sustitutivas de la prisión; son resultados dispares, pero fruto de un mismo fenómeno. Se dio protagonismo y, lo más importante, confianza, a las nuevas disciplinas y al ejército conformado por los hijos de los obreros que habían pasado por la Universidad donde habían aprendido tenían técnicas y conocimientos útiles para la sociedad, para sacarla del medievo y la farsa de la revolución industrial. Nosotras seguimos generando discurso (y acción) antisexista, antiracista, anticapitalista, etcétera, pero ¿realmente generamos algo que resulte útil al conjunto de la sociedad?. Al menos, ¿somos capaces de preguntárnoslo y responderlo con humiladad?. La respuesta es que sí, aunque nadie se dé cuenta (y casi que mejor). Esta aquiescencia inconsciente se debe al hecho de que el discurso genera compromisos, y eso ya nos gusta menos. Ahí es donde perdemos la universalidad, otra vez, y nos exponemos al mejor orador o retórico que nos masque el discurso y lo convierta en una Ley que, cuando queramos, nos saltaremos a la torera.
La ciencia ha avanzado mucho y, en cambio, a nivel político estamos estancados. Si lo habéis pensado alguna vez o lo habéis oido, poned atención, no es una vía de escape a la distopía fordista. La gente lo cree, está convencida de que estábamos cerca de ir a mejor, y no se resigna a seguir machacando el planeta o a matarnos unas contra otras; otra cosa es asumir el estancamiento como algo propio o ajeno, pues a nadie le interesa saber a qué debemos exponernos, a qué debemos ponerle ganas universalistas. Teníamos el software y nos faltaba el hardware. Yo acostumbraba a decir que antes querían hacer la revolución pero no tenían medios, y nuestra generación tiene medios y se le ha olvidado que siempre hay una revolución pendiente.
Y ahí estamos, el progreso es tangencial para nuestra generación, queremos ir a mejor, aunque sea un poquito; lo nuclear, que es la revolución, le da miedo; y ponemos nuestras esperanzas en lo accesorio -la comunicación.
Me impactó mucho la lectura de Agamben sobre los dispositivos, y lo repito a menudo. El concepto clave es la profanación. Lo sagrado debe asaltarse, empezando por las instituciones y siguiendo por el sistema económico. Sin embargo, me parece más urgente buscar una ética que nos permita no tener que hacerlo o que lo relegue a un segundo plano (limitado a echar a la banda criminal que hoy día ocupa las instituciones). Me explico. El compromiso individual con lo colectivo está totalmente descuidado. Nadie es capaz de decirnos que para ser totalmente libres debemos ser totalmente responsables, es un discurso que se advierte poco amable. Es necesario, sin embargo, y urgente.
Para mí la palabra "autogestión" define con pulcritud el cambio en lo económico y lo político al que deberíamos estar aspirando, pero hay que explicarla y convertirla en un presupuesto del quehacer cotidiano. Dejar de echar la culpa a los malos malísimos que, por su puesto, juzgaremos y condenaremos a hacer Trabajos en Beneficio de la Comunidad.
Transmitir eso no se hace con una campaña de comunicación, con un "entre totes", se necesita un fondo filosófico con el que impregnar las dudas ajenas, y empezar a molestar a la gente para darle el presupuesto de lo que va a costar llegar a buen puerto. No hablo de impuestos, sino de esfuerzos que, colectivamente e individualmente, vamos a tener que asumir. Que vamos a emprender una guerra contra nosotras mismas, y que la vamos a ganar, porque la alternativa es la autodesintegración. Y lo más importante, decir que otras lo intentaron y se equivocaron, y que estamos dispuestas a equivocarnos, aunque en otros errores. Tenemos que darle vida a la calle y darnos un propósito que no necesariamente pase por la urna. La gente que nos quiere llevar a las urnas lleva toda la vida haciendo esto que os digo, pero llegaron tan agotadas al 15-M, ya quiere otra cosa, otra velocidad, trascender a la facticidad, alcanzar el poder para llevar todas esas palabras, que nuestro entorno nos aplaude ecuánime y unánimemente, a la realidad, con gestión y todas esas cosas burocráticas. Eso se puede hacer; el problema es que si nadie lo asume como propio ni nos jalona continuamente, caduca. Los griegos se han seguido manifestando después de las elecciones, continuamente. Es sintomático, nos está diciendo algo, tan borroso como trascendenta. La utopía no caduca, a la utopía se la riega cada día o se aleja. Pero hay que ir a buscar el agua al río, mojarse y volver caminando sin derramar el agua. La ética es un valor extremo, hay que ser talibán si se la ama.
Menuda mierda de post.
divendres, 23 de gener del 2015
El desencís de la Blava, en Fred i el senyor Precís
Una tarda d'estiu ben
corrent corria per les corredisses del parc un petit corrent
rondinaire. Al seu esguard, la Blava corria darrera d'un ocell
cantaire, enterbolida en el seu pensament per la sensació que res no
podia sortir malament, que tot era perfecte, que el moment, més que
perfecte, era absolut. De sobte va topar amb en Fred, al temps que
queia a terra en l'esforç definitiu i probablement exitós,
d'enxampar l'animaló. Tot d'una, per sobre del seu cap, la Blava va
advertir l'esquinçada d'un raig de sol, que s'escolava entre els
cabells tremolosos de la riallada d'un noi que, a més de ser-ho, és
deia Fred. El corpulent sac d'astúcia, tot aprofitant el neguit de
la criatura voladora, va aconseguir enxampar-la i, sense negociar
paraula ni miraments, va fer mitja volta i va marxar sense dir ni tan
sols adéu, amb el premi aconseguit de l'esforç aliè.
Ai, pobre Blava! Ella i
el seu idealisme, que només volien acaronar l'ocellet i ensenyar-lo
a sentir la escalfor humana per un sol segon, un segon de res! Mentre
el perseguia, el seu somriure anunciava alegrement que un cop agafés
la pressa se'n atiparia fins a l'infinit de veure-la marxar volant un
sol cop, amb l'esperança que tornés o, si més no, que en endavant
tindria una nova amistat amb qui compartir les mores que, com la
rosa, són l'ofrena miraculosa d'un matoll a primera vista ofensiu.
Quina traïdoria la del
bon observador! I és que, en bona coincidència d'intencions
respecte de l'acció d'en Fred, a la vora de l'indret on s'havia
precipitat la Blava, hi havia el senyor Precís. Amb la perfecció
d'un erudit va dirigir-se a ella i li va parlar dels fets. Un per un,
va detallar tota la seqüència, posant l'accent i l'èmfasi en els
errors de la Blava i els encerts d'en Fred. Escrupolós i ben
encertat, va analitzar el fet i, sense demanar el vist-i-plau a
ningú, es va erigir en l'autoritat denunciant i arquitecte de la
resposta.
És clar, la Blava era
víctima de la ràbia i es consumia en desitjos de venjança. Tant
era si l'ocell volia ser lliure, si el pla del senyor Precís estava
ben adreçat a l'objectiu que havien acordat sense tractes de paraula
o, en qualsevol cas, si aquella era una guerra que calia encetar i
guanyar. Conquerir! Llibertat! Pau! Victòria! Tot! Tot! Tot!
Semblava prou clar que
els fets que esdevindrien a continuació serien els següents: 1) el
senyor Precís alliçonaria la Blava a fi i efecte de traçar
l'estratègia necessària per recuperar l'ocell, 2) La Blava, amb
l'ajuda del senyor Precís aconseguiria fer-se amb l'ocell i, 3) amb
una demostració de força davant d'en Fred, aconseguirien el domini
absolut i indiscutible del parc.
“Perfecte, perfecte!!!
Això no pot sortir malament”. Estranyada per l'orgull que li
pujava de les mans al cap, la Blava començava a neguitejar. Després
de la fase de convenciment arribaven els dubtes. Tanmateix, es negava
un i altre cop: “No, res no pot sortir malament”. “Una cruïlla
letal per les meves esperances de recobrar l'ocell... bé,
recobrar... de fet no l'he tingut mai. I per què el vull jo aquest
ocell? Estic segur que vol venir amb mi”. La balança havia de
caure en funció de la gravetat que dictaria la pròpia autoestima. I
la Blava s'estimava tant a si mateixa que ja no ho va dubtar més:
“sí, amb mí és com millor pot estar perquè, de fet, jo el
deixaré volar tant com vulgui, li donaré aliments i escalfo, si és
que així ho vol; no l'obligaré a estar amb mi, tot i que n'estic
convençuda que voldrà venir al meu costat cada dia de la seva
vida”. En realitat la Blava no sobredimensionava el seu valor; era
una nena ben responsable i intel·ligent, afectuosa i sempre tenia
bones paraules pels demés sense caure en la feblesa, tothom se
l'estimava molt, raó de més per pressuposar que l'ocell voldria
quedar-s'hi.
Ves per on, que en
arribar a casa d'en Fred van veure l'ocell lliure volant pel menjador
de la casa, tot esvalotat. Ben sovint, l'ocell s'adreçava a una
gàbia nova i llampant, situada al costat de la taula, en un moble
ben cofoi, on gaudia de pinso i aigua. Finestres i portes ben
tancades, però. Aquesta nova situació de l'ocell va refermar la
Blava en les seves sensacions. L'ocell tenia de tot, però no podia
marxar quan volgués, tenia prohibit el passeig voluntari i en cap
cas no podia jugar amb d'altres ocells. “Com deu estar patint, el
pobre animaló”, pensava la Blava.
I sense esperar un dia
més, la Blava i el senyor Precís van establir el pla definitiu per
capturar l'ocell. En un primer moment, la proposta del senyor Precís
era força captivadora, ja que ho farien tot sense causar cap
perjudici, sense complexitat però amb riscos per a ells. Tot i així
la Blava li va donar un parell de voltes i va concebre una nova idea,
més arriscada per a ells i, a canvi, més simple i realitzable. El
senyor Precís s'hi va negar en rodó, i es va negar a col·laborar
en cap altre pla que no fos el seu. La Blava, lleial a l'empresa
comú, va haver d'accedir i es van posar a treballar.
El dia assenyalat havia
estat escollit en funció dels horaris i els moviments propis de la
casa d'en Fred, i en arribar l'hora prevista, van procedir a l'acció.
El cel estava ennuvolat i a mig camí la blava proposà suspendre'n
l'execució. El senyor Precís s'hi va negar, intransigent com
s'havia mostrat fins al moment. Un cop a la casa, van esperar el
moment oportú i la Blava es va enfilar a l'arbre que la portaria
fins al finestró sense tancament de la torreta superior. En aquell
moment va començar a ploure i fou aleshores que es va adonar del
parany: el risc de l'acció se'l va endur tot ella!
Ara ja no es podia
aturar, va agafar l'ocell, que tremolava desesperat, el va ficar en
una caixeta i va tornar a pujar a la torreta. Tot seguit deixaria
caure la caixa, lligada amb una corda, fins que el senyor Precís la
va recollir. La teulada relliscava com si fos gel i, no sense esforç
i una bona concentració, la Blava tornà a l'arbre i, en un moment,
ja era a terra. La satisfacció d'haver acomplert amb el seu propòsit
li va farcir tot el cos. “Quina il·lusió, l'ocell ja és
nostre!”, va cridar dins seu.
El senyor Precís havia
desaparegut amb l'ocell. La ràbia se li escapava en forma de
llàgrimes pels ulls i corria cap a terra, barrejant-se amb la pluja.
Tres dies més tard, el
senyor Precís actuava com si fos l'amo del parc, i totes les
persones li retien homenatge, en honor a la bellesa del cant de
l'ocellet que portava lligat a la mà amb una corda. Tot fou veure-ho
i la Blava va apretar les dents en senyal de venjança. Hàbil, es va
dirigir a una botiga per comprar unes tisores i va seguir el senyor
Precís fins que el va veure prou distret com per tallar la corda i
agafar l'ocell. I just en el moment en què tallava la corda i
agafava l'ocell va aparèixer en Fred.
Els ulls exaltats del
senyor Precís pel robatori que tot seguit va denunciar a gorja
oberta, es van obrir encara més quan la Blava va deixar anar
l'ocell, després de fer-li un gran petó. Al seu torn, en Fred també
els va acusar de robatori. I enmig del bullici que s'havia aplegat en
sentir els crits d'uns i altres la Blava va exclamar: “Ni vostre ni
meu, aquest ocell serà de qui vulgui ser!”. En Fred s'hi va
llençar a sobre, decidit a ofegar-la amb les seves mans, i el senyor
Precís el va intentar aturar. Aleshores l'ocellet, que s'ho mirava
tot des de la branca d'un arbre, va dir la seva deixant anar una bona
tòfona d'excrements, que caigueren en el petit espai que tots tres
compartien en la seva disputa. Uns i altres, que pretenien decidir
com havia de ser la vida de l'ocellet, van rebre una bona lliçó. I
així fou com l'ocell va rubricar el desencís de la Blava, en Fred i
el senyor Precís.
Nota: quan els humans ens
apleguem segons afinitat política i formem grups grans actuem com la
Blava, en Fred i el senyor Precís. Podeu jugar a canviar aquests
noms per les etiquetes que emprem (anarquistes, comunistes,
nacionalistes, socialistes, marxistes, llibertaris,
social-demòcrates, liberals, republicans, ...), tan se val quines
escolliu, de ben segur que uns i altres adoptem en algun moment les
actituds dels personatges d'aquest conte. És en pensar-hi i en
rectificar que confluïm en les grans qüestions ètiques que, des de
temps llunyans, anem construint i compartim. Salut!
dimecres, 23 d’abril del 2014
L'espurneta i la revolta de les flames miraculoses
L'Espurneta
i la revolta de les flames miraculoses
A totes les
espurnetes
que per allà on passen
hi deixen un petit incendi
Espurneta:
aquest era el nom que en Maurici havia assignat a la flama que, dia
rere dia, encenia amb la seva pipa. S'aixecava, esmorzava una mica de
fruita i pa amb oli i tot seguit es dirigia a la llar de foc. Allà,
encara mandrosa, l'esperava l'Espurneta, que jeia amb les brases del
foc que encenia totes les nits per escalfar-se; agafava un misto i
deia: “Espurneta del meu cor, dóna alè a la meva pipa i vine amb
mi a rebre aquest nou dia”. Aleshores, l'Espurneta i en Maurici
sortien a passejar el que l'edat els permetés.
L'Espurneta
gaudia, amb el seu amic, d'un temps plàcid. Anaven aquí i allà,
visitaven indrets meravellosos i no s'havia de preocupar pel menjar.
La pensió d'en Maurici li assegurava un tabac de bona qualitat i
troncs robustos d'aquells que pots estar mossegant durant hores i
hores. I és així com passava el seu temps. Un cop a la setmana, per
arrodonir-ho, s'apropaven al Club de fumadors i allà es trobava amb
d'altres flames que també tenien una vida relaxada i sense
complicacions.
Un dia,
però, en Maurici ja no va venir a encendre la seva pipa i
l'Espurneta, estranyada davant la situació va sortir de la llar de
foc. Es va dirigir al llit del seu amic però aquest no responia a
les seves soflames: era mort. En sortir de la casa va veure un drap
de coloraines estès al sol i li va calar foc per cridar l'atenció
dels veïns. Després de ruixar el drap amb aigua van comprovar com,
efectivament, en Maurici havia mort en la tranquil·litat de la nit.
En dos dies es van succeir la vetlla i el funeral. Ni tan sols la
secció de corda i les seves cançons no van poder contenir la
tristesa de l'Espurneta que plorava en acomiadar-se d'en Maurici i la
seva pipa, que l'acompanyaria a la tomba fins que els cucs
l'acabessin de liquidar.
El nord, el
sud, l'oest i l'est. Cap dels horitzons no podia oferir una vida tan
confortable com la que oferia en Maurici, així que va tornar al Clup
de fumadors a buscar-hi caliu, un nou amic o vés a saber què. Del
club ja no en quedava res, el propietari de l'edifici l'havia
enderrocat per construir-hi un casino, un lloc artificial, tan
lucratiu com artificial. I artificiós. Hi mancava l'escalfor de la
fusta, res no grinyolava, i tot lluïa sense sentit. El soroll dels
tacons eren martells a la pell de l'Espurneta, que va pujar al primer
pis a trobar un lloc des d'on llençar-se al buit, esperant
desintegrar-se en el camí i abandonar aquest món, que ja no tenia
sentit. I així ho va fer, amb tant mala (o bona) sort, que un remolí
de vent el va transportar al capdamunt d'un camió que portava... oh,
vet aquí! Fusta!
Una estona
més tard, l'espurneta ja era a la fàbrica Barreda, vídua i fill,
S.L.,una fàbrica de joguines situada a la vora d'un riu cada cop més
mort. En accedir a la caldera va trobar milers i milers de flames
esbojarrades, ennuegades per una vida d'excés, ben grosses i
embriagades per la resina i d'altres substàncies que de tant en tant
els llençaven. Reien sense mesura i gairebé sempre sense sentit,
tant els feia el que passés fora del forn i no es van escoltar
l'Espurneta quan els va voler explicar l'estat del riu. En el seu
interior el comparava amb el tram on vivia en Maurici, més amunt, i
donava la sensació que no fossin el mateix riu. En un racó,
l'Espurneta va plorar durant hores, dies i setmanes, fins que...
Algú va
començar a tocar la caldera amb violència, com si la fuetegés amb
un bastó de ferro, se sentien crits i l'aldarull era generalitzat.
La vídua del senyor Barreda havia mort feia un any. En Felip Barreda
era un nen consentit, no tenia cap traça gestionant l'empresa tot i
els ingents beneficis que generava i quan volia castigar els obrers
els deixava de pagar; aquest cop sense cap motiu aparent els va
deixar sense cobrar durant dos mesos i el darrer dia del tercer mes
els obrers van dir prou. Un cop morta la senyora Barreda, en Felip va
decidir jugar amb el destí dels seus treballadors i en el moment en
què va esclatar la revolta, era al Club de golf, rient i fent gala
del seu tracte cap els obrers. Quan el contable va comunicar que
havia rebut ordres de no emetre pagaments quasi bé el van matar,
però van entendre ràpidament que el culpable no era ell. Es va
decretar la vaga.
I amb la
vaga va venir la gana. El foc de la caldera es mantenia en els seus
mínims i tard o d'hora s'acabaria. La ressaca va deixar una sensació
de desorientació a la caldera, i s'acusaven els uns als altres de la
situació. Cap d'ells no va saber reconéixer que la culpa també
havia estat seva, que mai no havien buscar una alternativa per si
succeïa res, que tampoc no sabien d'on sortia la fusta o com havien
d'aconseguir-ne més. Una flama d'entre les més joves es va posar a
cridar i tenia esclats violents, fins al punt que els seus cops
deixaven incandescents les parets de la mateixa caldera.
Fou així
com l'Espurneta va trobar la solució i va proposar un pla per fer
fora el senyor Barreda. Ho van preveure tot, entre les idees d'uns i
altres van elaborar una estratègia a fi i efecte de simular
l'incendi de la nau. Amb les cendres de dies anteriors i una mica
d'aigua elaboraren una pasta fina que van distribuir per tota la nau
amb l'ajuda de l'aspiradora, i van desmuntar un parell de peces, tot
deixant algunes deixalles pel mig, com si part de la maquinària
s'hagués malmés en l'incendi. Després barraren el pas als camins
que portaven a la fàbrica i van fer petites fogueres a la teulada i
a la part exterior de la nau. Quan els bombers van arribar tot estava
en calma, i sense haver d'entrar, amb l'olor de les petites fogueres
ja es van fer l'idea que el foc s'havia consumit ell sol.
En arribar,
el senyor Barreda va tastar la tristessa de primera mà. Els obrers
li van començar a reclamar els seus salaris i l'acusaven d'haver
cremat la fàbrica per desentendre's d'ells. En Felip Barreda,
temerós de les represàlies, i amb les butxaques ben plenes, va
emprendre la fugida.
Al dia
següent, les flames van posar en marxa la segona part del seu pla.
Amb la mateixa aspiradora van ruixar la nau de vapor d'aigua que
escalfaven a pressió. En mig dia la nau semblava nova. Un dels
obrers que vivia no gaire lluny d'allà va fer un passeig fins la
fàbrica. Va obrir la porta amb els ulls ploraners i, de sobte, se li
van obrir com si estigués veient la porta del cel. “Un miracle, un
miracle!” va anar cridant casa per casa dels seus antics companys.
Els deutes que en Barreda tenia amb ells van servir per adquirir la
fàbrica de nou i, un cop constituits com a cooperativa, començaren
a treballar de nou.
En Felip
Barreda va patir la seva pròpia avarícia. El pes de les seves
maletes era tan gran que el seu transport va caure pels pendents d'un
penyasegat quan pretenia fugir, amb ell a dins. Des d'aquell moment,
tots els bitllets van començar a embrutar la platja del poble. Els
nens que hi jugaven, ara que el riu ja era net gràcies a la cura
dels obrers, van començar a recollir aquells paperets que, més
tard, van anar a bescanviar per joguines de la fàbrica Miracle,
Societat cooperativa.
Ara
l'Espurneta feia recompte. Amb en Maurici havia viscut feliç sense
esforç, però potser una felicitat fruit del treball la podia
compartir i celebrar.
dimecres, 15 de gener del 2014
Por qué la literatura no comercial
Cualquiera
que haya leído Los
lloricas Els
ploramiques ,
se habrá dado cuenta rápidamente de que es un relato, básicamente,
de que se encuentra ante una obra de literatura no comercial. El
hecho de autoeditar es una salida digna al periplo de negativas o, en
el mejor de los casos, abusivas condiciones de las editoriales. Te
relega, como sabemos, a la marginalidad, te deja al abrigo de las
buenas intenciones y el poder adquisitivo del círculo de amigos y
familiares que te quiere apoyar. Sabes que en la mayoría de los
casos el libro se va a quedar en una estantería a dormir
eternamente. Pero es una salida digna, a mi entender, al canon
comercial que marca las publicaciones comerciales. Es un DIY de
obligado cumplimiento: te lo maquetas tú, lo imprimes por tu cuenta
y lo distribuyes como buenamente puedes, puesto que la negativa de
los libreros a distribuir (y aún menos, leer y recomendar) este tipo
de lecturas acaba siendo una respuesta, en ocasiones, desagradable. En el mejor de los casos, te ahorras la inversión gracias a una buena campaña de crowdfunding (que la mayoría no sabemos plantear) o dejas el escrito libre para descarga gratuita, a pesar de los problemas de distribución y lectura real que comporta.
Nadie está interesado en descubrir un talento nuevo, sólo interesa
vender el libro que pide el cliente, el que encontrarás anunciado
aquí y allá. Porque todo el mundo parece confiar en ese filtro que
tantas y tan buenas distracciones nos ha dado hasta el día de hoy.
La
distracción. Esa es la clave. Un pasaje de La isla, de Aldous Huxley
me recordó la diferencia fundamental entre el entretenimiento y la
distracción. Aunque ambos conceptos pueden tener un resultado
parecido, es evidente que existe cierto matiz que la convierte en
relevante (la obra, por si queréis saberlo, me pareció un tostón que
no ha superado el paso del tiempo, y que no tenía en cuenta algunas
ideas que en su época ya circulaban como el manifiesto Unabomber,
aunque un buen ensayo sobre cómopensar la utopía -en mi opinión, Huxley tenía un concepto fordiano, usando los registros de su Mundo Feliz, y desprendía un liberalismo anglicano del que nos sigue llevando a la desgracia). Estamos
acostumbrados a ver obras, literarias o cinematográficas que tienen
una moraleja, que la básica lucha entre el bien y el mal,
simplificada al máximo, aparece al rescate de una historia adornada
con una relación amorosa que sin ese tinte progre de valores sería
el único aliciente. Aún con todo, el entretenimiento no deja de ser
entretenimiento y sirve de base a esa vertiente de la relajación, la
alienación que, con una disculpa temporal bastante poligonera,
recibe el nombre de evasión. Queremos escapar de nuestro día a día
un ratito. Qué curioso que siempre sea por la noche... para luego
volver a la realidad en la que hemos decidido no intervenir o hacerlo
de modo subsidiario.
La
literatura no comercial no necesita los ejercicios clásicos de la
literatura convencional, comercial. No necesita una tensión sexual
irresuelta, no requiere de obstáculos para perso9najes épicos o
cotidianos, no le importa carecer de ese bajón que precede el acto
heróico. En realidad, la literatura no comercial está poco
preocupada, incluso por el perfilado de los personajes y mucho menos
por el paisaje de los miles y miles de adjetivos usados hasta la
extenuación, que van a adornar una descripción hasta el último
detalle, aunque no tenga interés en absoluto para el resto de la
obra. Personalmente, me gusta que haya personajes, porque hacen que
sucedan cosas y toman decisiones, y cierto hilo, un poco de trama,
pero cuando lo que quieres es provocar una reflexión que lleve al
sujeto activo a la acción, el regalo no tiene por qué estar bien
empaquetado, basta con que sirva a su fin y disponga de todas las
herramientas necesarias.
Mientras
escribía Los traficantes me di cuenta de que maté al malvado en el
tercer capítulo y, lejos de constituir un intento de rebeldía
infantil, lo hice porque quería crear un escenario de vacío de
poder, en el que fueran necesario reflexionar sobre el futuro, sobre
la necesidad o no de tomar decisiones, y cómo se tendrían que
ejecutar. Cosas así son las que me impulsaron a matarle. Un tirano
habría sido útil en un sentido práctico porque habría podido
crear una historia de sublevación, mucho más comercial sobre todo
si la mantenía hasta el final o la llevaba al límite. Sin embargo,
mi voluntad era otra. Las prioridades no son ni el dinero ni la fama
ni las ansias de llevar mi pensamiento a todos los rincones porque
tampoco soy un superhombre. Mi intención es mucho más difusa. Es
posible que no sepa ni yo por qué escribo, lo único que sé es que
no dejaré de hacerlo.
Mirad,
acabo de encontrar en esta frase la forma ideal para finalizar este
escrito, abruptamente, sin necesidad de justificarme. Mi voluntad es
otra.
dijous, 9 de gener del 2014
Privatizar la sangre
"Para hoy había escogido ser Elbert Gleinstrud, una identidad falsa que había inventado para poder ir a donar sangre fuera de los periodos reglamentarios de descanso. Se había atiborrado a hierro y vitaminas para no ser suspendido en la primera prueba y llevarse, al menos, la recompensa mínima. Elbert estaba al límite de ser suspendido como donante de sangre por la mala calidad de su sangre, pero todavía lo podía intentar una vez más. En veinte minutos escasos ya había cumplido su objetivo. La tercera donación en lo que llevaba de mes. "En fin, hoy podré comer caliente" musitó para sí mientras esperaba la autorización del semáforo para pasar. El ligero mareo que te invade después de donar, sin embargo, se unió a la flojera y el dolor de cabeza que le acosaban hacía unos días, las piernas le tambalearon y ese momento de despiste bastó para que su cuerpo cayera sobre el primer carril de la calzada. Un coche veloz le embistió. Ahí acabaron las donaciones de Elbert, Josua, Gerard y Faust. Murió en el acto, sin apenas conciencia de que estaba muriendo".
Cuando se dice "privatizar la sangre" el escenario al que estamos aludiendo es el de este microrelato: la sangre como producto sujeto a valoraciones del mercado. Si la sangre se pudiera comprar y vender libremente no estaríamos más lejos de una distopía que en 1984. Si no se tratara de la sangre no tendría ninguna objeción a jugar políticamente con ello pero es la sangre. La vida de muchas personas depende del acto altruista de ir a donar sangre, por lo que la cautela al hablar políticamente de ello debe ser la máxima. Hoy, la sangre está fuera del comercio y conviene que siga siendo así. Su tráfico está prohibido y el sector público, en estricto monopolio, gestiona las reservas y las políticas de obtención y distribución de la sangre. Eso no quiere decir, en absoluto, que deba estar fuera de nuestra mirada política, todo lo contrario, ésta debe ser intensa puesto que se trata de un asunto de la primera magnitud. No podemos permitirnos, no obstante, que una comunicación poco rigurosa ponga en jaque el sistema de transfusiones, alentando las suspicacias y poniendo en duda el carácter público de la actividad. Si la gente no va a donar por creer que se está comerciando con la sangre, entonces sí que estamos poniendo en riesgo la provisión universal y la atención indiscriminada a las personas enfermas que la necesitan.
Últimamente corre el rumor de que la donación se está privatizando, que se tarifica nuestra sangre y se vende, como si hubiera un mercado. Eso no es cierto. El sistema público realiza la gestión en monopolio y luego carga el coste de la recogida y su tratamiento al sector privado. Si la cediera gratuitamente estaríamos ante una subvención que, en un sistema integrado de salud, sería lo que en derecho comunitario recibe el nombre de subvención cruzada. Los cobros se realizan por bolsas, ajustando el reembolso al consumo exacto realizado por las empresas privadas. Esto no quiere decir que la sangre cueste un tanto el litro. La gestión cuesta un tanto la bolsa, como fruto de un cálculo milimétrico de coste asociado a la recogida y distribución.
Es cierto que sobre la sangre existen los mismos riesgos que sobre cualquier otra actividad. Ese riesgo no se llama privatización sino externalización. El monopolio no garantiza la aparición de zonas oscuras en la contratación o concesión de la gestión por empresas privadas, es más, esta posibilidad puede afectar a la calidad de la atención sanitaria y el bienestar de los enfermos. En cualquier caso, nuestra comunicación política tiene que estar destinada a salvaguardar esta actividad dentro de unos parámetros de garantía pública. Para conseguirlo hay que trabajárselo. Un ejemplo: en el caso de Madrid, donde la externalización es casi enfermiza y tiene por objetivo depreciar los servicios públicos para luego concederlos al sector privado (según ha denunciado hasta la saciedad la Coordinadora Antiprivatización de Madrid) se ha concedido la gestión de las unidades móviles a terceros. Después de una desastrosa denuncia de "privatización", la estrategia se ha declinado por hacer un llamamiento a realizar las donaciones en exclusiva en los centros hospitalarios, para desplazar al sector privado de la tarea. Políticamente es más responsable que decir que nuestra sangre tiene precio y se vende a peso.
Hay que distinguir, para que nuestra crítica sea acertada, varios campos de análisis:
1. APUNTAR: Atacar a los organismos que realizan la gestión de la sangre y los tejidos es un error fatal. Hay que identificar y ejercer el control sobre el nivel político que decide cómo se gestiona el sistema público. En el caso de contratos y concesiones es necesario conocer a esos proveedores y poner atención a sus intereses, sus políticas de recursos humanos, y todo cuanto nos ayude, en su caso, a denunciar públicamente sus movimientos. La comunicación política en este ámbito no puede ser simple ni visceral, sino el resultado de un análisis impecable, que marque las señales de alarma con precisión, sin vaguedades.
2. PRIORIZAR: El control ciudadano del sistema de gestión de la sangre y los órganos debe poner en valor, y por delante, la necesidad del carácter público, gratuito y altruista de la donación. La gestión pública debe asegurar la transaparencia. El núcleo de la actividad debe estar bajo manos públicas sin que sea posible la participación del sector privado. Para realizar una acción política responsable al respecto es necesario anteponer la necesidad de un sistema de calidad transparente y público en el que no medio otro interés que la distribución universal y gratuita sin discriminaciones.
3. VIGILAR: Empiezan a ser habituales en este ámbito los contratos con empresas privadas u organizaciones sin ánimo de lucro -lo que no significa que no haya intereses ocultos y trapos sucios de por medio-, que se encargan de un segmento de actividad concreto. Identificar esos segmentos de actividad es crucial si queremos dirigir la acción en la buena dirección. Constituye un elemento importante descubrir los ámbitos de concesión o contratación de partenariado. En el ámbito anglosajón se conoce a estos contratos como PPP (Partenariado Público-Privado) y en España se ha importado la figura bajo la denominación de "contrato de colaboración entre el sector público y el sector privado" (art. 11 LCSP). En teoría se desplaza el riesgo al privado adjudicatario del contrato, que ha realizado una determinada inversión. En la mayoría de los casos no sólo es falso que se desplace el riesgo porque apenas existe, pero además suele tratarse de contratos oscuros donde si finalmente no se recupera la inversión y no hay beneficio, los amigos vienen al rescate y lo sufragan con nuestros impuestos. Mi primera sorpresa cuando estuve en Québec fue ver que los movimientos sociales habían señalado esta fórmula de gestión como el mayor peligro para la economía pública. Aquí todavía no sabemos qué es. Pues hay que saber que la mayoría de los contratos con los amigos suelen tener esta forma. También se les conoce como contratos de leasing.
En este punto, es importante señalar que esta actividad tiene muchos puntos de interés y todos ellos contribuyen a la salud del sistema. Aplicaciones informáticas, mecanismos de protección y seguridad (no en vano se consideran infraestructuras críticas), provisión de componentes, personal médico, adminstrativo, servicios de limpieza e higiene, ... Si hemos puesto en valor la actividad defenderemos las mejores técnicas de gestión para ella incluyendo las que requieran de control externo.
4. TERCEROS: La participación de terceros (sector privado, tercer sector) es una fuente de peligros, de aparición de corrupción, de corruptelas varias. No hay que dejar el control y la denuncia de los negocios sucios en manos de los empleados que están dentro, puesto que pone en peligro su seguridad, su empleo y su bienestar. Por otro lado hay que tener en cuenta que, en determinados casos, la participación de terceros es deseable y puede ser exigible, bien porque se necesita alguien ajeno que no falsee la información, bien porque pueden realizar esa función de vigilancia al sector público, que también genera sus propias perversiones.
Cómo garantizar que la gestión de las transfuciones y los transplantes quede al abrigo de intereses espurios y de externalizaciones que pongan en peligro la calidad y la atención sanitaria? Pues bien, en una sociedad dinámica y bien formada el control se realizaría de forma ordinaria en una no-fórmula de movimiento social caótico pero acompasado por el conocimiento, la responsabilidad y unos objetivos claramente trazados de forma colectiva. No siendo este el caso y, vista nuestra poca destreza al comunicación política, mi opinión tiende hacia la sovietización del control, mediante consejos de supervisión en los que integrar a los profesionales de la salud, responsables administrativos de diferentes ámbitos territoriales, la ciudadanía (la organizada y la no organizada también) y, en menor medida, el sector privado, a través de un mecanismo ciego en el que todos los participantes tuvieran acceso a la información de gestión y pudieran denunciar, en su caso, la aparición de anomalías. Algo así:
"En un principio, María se alegró y no dudó ni un instante en llamar a su hermana para decirle que su empresa había sido designada para aprovisionar al centro de transfusiones de bolsas y tubos plásticos. CEFESOR estaba sobre la cuerda floja, la información no llegaba a los trabajadores, pero estaban en un punto crítico, al borde del despido; el contrato podía ser su salvación. Media hora más tarde empezaron a aparecer mensajes en el tablón de anuncios del Consejo de Salvaguarda de la Transfusión. Por la forma de escribir, la mayoría podían considerarse médicos, pero también administrativos y personal de todo tipo. La adjudicataria del contrato había tenido problemas relacionados con la calidad de los productos en otros países. Algunos mensajes detallaban cómo la empresa había querido rebajar costes disminuyendo la calidad de los productos para aumentar los beneficios y algunos países habían rescindido los contratos tras algunos episodios desagradables, forzados por la presión ciudadana, que había sido silenciada por la prensa, como de costumbre. Una lágrima descolgándose de la mejilla de María anunciaba el final: en dos días su hermana fue despedida. La calidad del sistema de transfusiones parecía estar a salvo, y ése era un motivo de satisfacción, pero... La presión ejercida por el Consejo con sus mil voces anónimas, finalmente tomó forma y los responsables de la gestión del sistema no tuvieron otro remedio que ceder y crear una empresa pública que elaboraría los materiales necesarios con el mejor material disponible. En tres semanas llamaron a la hermana de María y le propusieron incorporarse al departamento de I+D en el que se proyectaría el mantenimiento de la calidad".
FIN
dimarts, 13 d’agost del 2013
Els ploramiques / Los lloricas free version
Versió corregida de Els ploramiques / Los lloricas, alliberada i gratuïta en format [.pdf]
Los lloricas , 91 pgs.
Els ploramiques , 92 pgs.
Los lloricas , 91 pgs.
Els ploramiques , 92 pgs.
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